Jan 26, 2012

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Cap. 10: “Más preguntas y respuestas”. Dr. James Dobson

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Más preguntas y respuestas

 

Ahora, concentremos nuestra atención en algunos temas nuevos que debemos considerar.

 

P1.- Nosotros oramos por nuestros tres hijos antes que fueran concebidos, y hemos seguido haciéndolo todos los días de sus vidas. Sin embargo, nuestra hija, que es la segunda de los tres, ha escogido rechazar nuestra fe y hacer cosas que ella sabe que son malas. Está viviendo con un hombre que se ha divorciado dos veces y al parecer no tiene ninguna intención de casarse con él. Que nosotros sepamos, por lo menos ha tenido dos abortos, y su manera de hablar es vergonzosa. Mi esposa y yo hemos orado por ella hasta quedarnos agotados, y a pesar de todo no ha mostrado ningún interés en regresar a la iglesia. A veces, me enojo mucho con Dios por permitir que una cosa tan terrible como ésta suceda. He llorado hasta que me he quedado sin lágrimas. ¿Puede usted decirnos algo que nos anime?

 

R1.- Ciertamente, puedo comprender su dolor. Yo creo que más personas se han sentido desilusionadas con Dios por causa de un hijo o una hija descarriado que por cualquier otro motivo. Para la mayoría de los padres cristianos no hay nada más importante que la salvación de sus hijos. Todas las demás metas y logros en la vida, son insignificantes al compararlos con esta transmisión de la fe a su descendencia. Esa es la única manera en que podrán estar juntos por la eternidad, y ellos, como usted, han estado orando día y noche por un despertamiento espiritual. Lamentablemente, si Dios no contesta rápidamente esas oraciones, existe la tendencia a echarle la culpa de lo que sucede y a luchar con intensos sentimientos de amargura. ¡La ‘barrera de la traición” reclama otra víctima!

 

A menudo, este enojo contra el Señor es resultado de un concepto erróneo acerca de lo que él hará y no hará en las vidas de las personas por quienes nosotros intercedemos. La pregunta clave es: ¿Exigirá Dios que nuestros hijos le sirvan, si ellos escogen un camino de rebeldía? Esta es una pregunta muy importante. Según e! doctor John White y los teólogos con los que he hablado acerca de ella, la respuesta es que Dios no obliga a nadie a aceptar su voluntad. Si ésa fuera su inclinación, jamás ninguna persona se perdería. En Segunda de Pedro 3:9, dice: “El Señor” es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. Para obtener esta gran salvación, hay una condición. La persona debe extender la mano y tomarla. Él o ella debe arrepentirse de sus pecados y creer en el Señor Jesucristo. Sin este paso de fe, nadie puede tener el regalo del perdón y la vida eterna. Entonces, ¿Qué es lo que podemos lograr por medio de la oración, si existe una esfera de nuestras vidas en la que el Padre no intervendrá? En su profundo libro, titulado: Parents in Pain [Padres que sufren], el doctor White dice:

 

En esto consiste el secreto de comprender cómo podemos orar por nuestros hijos o por cualquier otra persona. Podemos pedir con toda confianza que Dios abra los ojos de los que están moral y espiritualmente ciegos. Podemos pedir que los engaños de sí mismos, detrás de los cuales se esconden los pecadores, puedan ser reducidos a cenizas por el intenso fuego de la verdad; que las oscuras cavernas sean hechas pedazos para que entre la luz; que los disfraces puedan ser quitados de encima de un hombre o de una mujer para revelar su desnudez ante la santa luz de Dios. Sobre todo, debemos pedir que la gloria de Dios en la faz de Jesucristo, resplandezca en medio de la ceguera espiritual causada por el dios de este siglo (2Corintios 4:4). Todo esto lo podemos pedir con toda seguridad de que no sólo nos oirá, sino que se deleitará en contestamos. Pero no podemos pedirle a Dios que obligue a un hombre, una mujer, o un niño a amarle y confiar en él. Pedirle que les libre de una tentación irresistible; que les dé toda oportunidad de arrepentirse; que les revele Su hermosura, Su ternura y Su perdón: sí, y mil veces sí. Pero pedirle que fuerce a un hombre, en contra de su voluntad, a arrodillarse delante de él: no en esta vida. Y que fuerce a alguien a confiar en él: jamás. En otras palabras, el Señor no salvará a una persona en contra de su voluntad, pero él tiene miles de maneras de moverle a estar más dispuesto a hacerlo. Nuestras oraciones liberan el poder de Dios en la vida de otro individuo. Se nos ha concedido el privilegio de interceder en oración a favor de nuestros seres queridos, y de llevar sus nombres y sus rostros ante la presencia de Dios. Como respuesta, él hará que todas las elecciones de suma importancia sean más claras que el agua para esa persona, y traerá influencias positivas a su vida para aumentar al máximo las probabilidades de que haga lo que debe hacer. Más allá de eso, Dios no irá. Es verdad que al hablar de esto nos hemos metido en aguas teológicas profundas. ¿Quién sabe exactamente cómo responde Dios a la oración intercesora, y como trata él con un corazón rebelde? ¿Cómo puedo explicar las oraciones de mi bisabuelo (por parte de mi madre), quien murió el año antes de yo nacer? Este maravilloso hombre de Dios, G. W. McCluskey, se encargó de orar específicamente por el bienestar espiritual de su familia, todos los días durante la hora de once a doce de la mañana. Le pedía al Señor no sólo por aquellos seres queridos que vivían en ese tiempo, sino también por las generaciones que aún no habían nacido. Este buen hombre le hablaba a Dios acerca de mi, aun antes que yo fuera concebido.

 

Cuando se acercaba al final de su vida, mi bisabuelo hizo un anuncio sorprendente. Dijo que Dios le había prometido que todos los miembros de cuatro generaciones, tanto de los que ya vivían como de los que aún no habían nacido, serían creyentes. Bueno, yo represento a la cuarta generación después de la de él, y todo ha resultado ser más interesante, de lo que tal vez él se imaginó.

El matrimonio McCluskey tuvo dos hijas, una de ellas fue mi abuela y la otra fue mi tía abuela. Ambas crecieron dentro de la denominación de sus padres y se casaron con ministros de la misma. Entre estas mujeres tuvieron cinco hijas y un hijo. Una de las hijas fue mi madre. Las cinco muchachas se casaron con ministros de la denominación de su abuelo, y el muchacho llegó a ser ministro. Así llegó mi generación. Mi primo H. B. London y yo fuimos los primeros en graduarnos de la universidad; y vivimos juntos durante el tiempo de nuestros estudios universitarios. Cuando comenzó nuestro segundo año de estar en la universidad, él anunció que Dios le estaba llamando a predicar. ¡Y puedo asegurarle a usted que yo empecé a ponerme muy nervioso acerca de esa tradición familiar! Nunca sentí que Dios me estaba pidiendo que fuera un ministro, así que estudié en la escuela para graduados y me hice sicólogo. Y, sin embargo, he pasado mi vida profesional hablando, enseñando y escribiendo acerca de la importancia de mi fe en Jesucristo. A veces, mientras estoy sentado en una plataforma esperando para hablar en una iglesia llena de cristianos, me pregunto si mi bisabuelo estará sonriéndome desde algún lugar. Sus oraciones han sido contestadas a través de cuatro generaciones, para influir en lo que yo estoy haciendo hoy con mi vida.

 

¿Qué nos dice esto acerca del libre albedrío y el derecho a escoger? No tengo la menor idea. Sólo sé que Dios honra las oraciones de sus fieles seguidores, y nosotros deberíamos permanecer postrados ante él en oración hasta que a cada uno de nuestros hijos se le haya dado toda oportunidad de arrepentirse. Sin embargo, debemos recordar que Dios no va a imponer su voluntad sobre la de ninguna persona. El trata a todos respetuosamente, y busca atraerles a él. Por lo tanto, es un error que le echemos la culpa a Dios si ese proceso tarda años en cumplirse, o incluso si jamás llega a ocurrir. Ese es el precio de la libertad.

 

P2. Su respuesta da a entender que debemos continuar orando por nuestra hija, año tras año, hasta que ella regrese a su fe. ¿Quiere decir eso que Dios no se ofenderá porque repetidas veces le pidamos lo mismo? ¿Es eso lo que él quiere que hagamos por ella?

 

R2. Sí. Si indudablemente lo que ustedes le están pidiendo está de acuerdo con la voluntad de Dios, tal como orar por la salvación de su hija, creo que deben seguir llevando el asunto ante su presencia hasta que reciban la respuesta. Hay una continua batalla espiritual por el alma de ella, y sus oraciones son imprescindibles para poder ganar esa lucha. Pablo nos exhorta a que oremos sin cesar (1 Tesalonicenses 5:17). No es eso lo que Jesús estaba enseñando en la parábola del juez injusto? Leámosla en el Evangelio de Lucas: También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra? Me gusta mucho este pasaje de la Biblia porque nos dice que Dios no se enoja por nuestra persistencia en la oración. El nos anima a que no nos demos por vencidos, sino que bombardeemos el cielo con los deseos de nuestros corazones. Eso me alienta lo suficiente como para continuar orando toda la vida. Hace unos momentos relaté la historia acerca de mi bisabuelo por parte de mi madre. Con el permiso de usted, déjeme contar un acontecimiento que ocurrió en la vida de Juanita Dobson, mi abuela por el lado paterno. Ella comprendió lo que significa orar sin cesar, aun cuando había poca evidencia que la animara a hacerlo. Ella era una cristiana totalmente entregada al Señor,  que estaba casada con un hombre independiente e incrédulo. Como él era un hombre decente y moral, no veía ninguna necesidad de tener una relación personal con Jesucristo. Ese hecho casi fue la causa de su condenación.

 

A él no le importaba que su esposa fuera a la iglesia e hiciera todas las demás cosas relacionadas con su religión, pero no quería tener nada que ver en ello. Sobre todo, se enojaba si alguien trataba de empujarlo para que se hiciera creyente. Había cerrado la puerta por completo. En vez de insistentemente tratar de incitar a su esposo para que se entregara a Cristo, Juanita comenzó una campaña de oración por él, que continuó durante varias décadas. ¡Durante años, ayunó regularmente por su salvación, a pesar de no ver ninguna evidencia de que Dios estaba oyendo sus oraciones! Todavía el corazón de mi abuelo permanecía duro y frío. Pero cuando tenía sesenta y nueve años de edad, sufrió una serie de ataques de apoplejía, que lo dejaron parcialmente paralizado. El había sido un hombre muy fuerte, era un conductor de ferrocarril que medía casi dos metros de estatura, y que jamás había estado enfermo ni siquiera un día durante su vida. Verse permanentemente incapacitado fue algo que lo hundió en la tristeza. Una tarde su hija estaba atendiendo a sus necesidades y preparando su medicina, y a medida que se inclinaba para enderezar su cama, se dio cuenta de que él estaba llorando. Nadie recordaba haber visto jamás a este hombre orgulloso, que había triunfado en la vida por su propio esfuerzo, derramar ni una lágrima. Eso la conmovió profundamente, y entonces ella le preguntó: -Papá, ¿qué te pasa? El contestó: -Mi amor, ve y trae a tu mamá. Mi abuelita subió corriendo las escaleras y se arrodilló junto a la cama de su esposo. El agarró su mano, y le dijo:

-Sé que voy a morir, y no le tengo miedo a la muerte.

Pero todo está tan oscuro. ¿Quieres orar por mí?

Mi abuela le dijo:

-¿Qué si quiero orar?

¡Durante más de cuarenta años había estado esperando que él le hiciera esa pregunta! Entonces, ella comenzó a clamar a Dios por su esposo; y allí, en su lecho de enfermo, él aceptó a Jesucristo como su Salvador. Mi abuela dijo que fue como si una multitud de ángeles hubiera empezado a cantar en su corazón. Mi abuelo murió dos semanas más tarde, con una palabra de testimonio en su boca. Estoy seguro de que él y mi abuela están hoy en el cielo debido a la perseverancia de la fe de ella.

 

Durante la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill dijo: “Nunca se rindan. Nunca, nunca, nunca se rindan”. Ese consejo no sólo es aplicable a las naciones que están sitiadas por el enemigo, sino también a los creyentes que buscan que el Omnipotente toque sus vidas. Voy a repetirlo: Madres y padres, su principal prioridad es guiar a sus hijos al rebaño. No dejen de orar hasta alcanzar esa meta.

 

P3. Usted ha escrito acerca del orgullo y de la ofensa que éste es para Dios. No comprendo totalmente qué es lo que eso quiere decir. ¿No debería sentirse orgullosa la humanidad de nuestros logros y descubrimientos? No admira usted todo lo que la ciencia moderna, la medicina y las artes han logrado? ¿Qué tiene de malo que sintamos un poco de satisfacción y confianza en nosotros mismos? ¿Quiere Dios, si es que existe, que nos arrastremos delante de él como mendigos?

 

R3. Cuando era profesor en la facultad de medicina de una universidad grande, me quedé maravillado al ver los milagros logrados por medio de las investigaciones científicas. Estoy agradecido de que vivimos en una época en la que enormes conocimientos están a la disposición de cualquier persona que pueda ir a una biblioteca pública. Por seguro, estos son tiempos extraordinarios, y tenemos razones para sentimos bien acerca de los esfuerzos que se están haciendo para reducir el sufrimiento humano y para que todos podamos llevar una vida mejor. No hay nada en cuanto al progreso, por sí mismo, que sea ofensivo a Dios.

 

Pero existe algo intrínsecamente malo acerca del concepto predominante de que los seres humanos ya no tenemos necesidad de un dios, que solos podemos arreglárnoslas muy bien; gracias. Aun más detestable es la filosofía de la Nueva Era, que les concede a los simples mortales un nivel divino. Sus seguidores adoran la mente humana, como si de alguna manera la pequeña masa gris arrugada que tenemos dentro de la cabeza se hubiera creado a sí misma de la nada. Las reproducciones exactas de Shirley McLaine proclaman maravillados: “Sólo utilizamos cinco por ciento de nuestros cerebros. Imagínense lo que sería posible si pudiéramos desarrollar todo nuestro potencial”. Estoy completamente a favor de la educación, pero este maravilloso punto de vista del “potencial humano” no es nada más que una tontería. Si fuera posible utilizar noventa y cinco por ciento más de nuestra capacidad intelectual, alguna persona brillante, de entre los cinco mil millones que ahora viven en el mundo, habría descubierto una manera de hacerlo. Y aunque eso llegara a ocurrir, aún nuestras mentes seguirían siendo insignificantes al compararlas con la sabiduría y la omnipotencia del Todopoderoso. Al hablar de esto, la palabra arrogancia viene a la mente. Aunque existimos por la misericordia de un Señor amoroso, sistemáticamente la humanidad está buscando derrocarle de su puesto de autoridad moral del universo. Hemos desechado sus mandamientos y los hemos reemplazado con nuestras ridículas ideas. El humanismo secular ha llegado a la conclusión de que no existen verdades eternas, valores morales trascendentes, ni nada que hagamos que sea esencialmente bueno o malo. Lo que parece bueno en cierto momento, es bueno. Las encuestas de la opinión pública determinan la moralidad, como si de alguna manera la encuesta de nuestra ignorancia pudiera producir la verdad. En este proceso, hemos olvidado la fe de nuestros antepasados que amorosamente nos fue transmitida y encargada a nuestro cuidado.

 

Desde luego, la arrogancia no es un fenómeno nuevo en nuestra sociedad. Jesús nos relató la historia de un granjero rico que no tenía necesidad de Dios. Tenía su vida muy bien trazada. Ese año había tenido una cosecha tan abundante que ni siquiera podía almacenarla por completo. En un mundo lleno de sufrimiento y de hambre, ése era su mayor problema.

 

y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” (Lucas 12:18-20).

Ese granjero rico, que se sentía satisfecho con su autosuficiencia, nos recuerda a las superestrellas y los hombres milagrosos de hoy en día. Dé una mirada a cualquier número de la revista People [Gente], y sentirá el aroma del orgullo humano que sale de sus páginas.

 

Por ejemplo, cuando pienso de la arrogancia y el desprecio hacia Dios, me acuerdo de John Lennon, la difunta estrella de la música rock. El y sus compañeros del grupo los Beatles se rebelaron contra todo lo que es santo y limpio. Estuvieron involucrados en las orgías homosexuales y heterosexuales más perversas, y popularizaron el uso de la marihuana y de las drogas duras entre una generación de jóvenes. Aún estamos sufriendo las consecuencias de esa plaga. Algunas de sus composiciones musicales, con todo lo melodiosas y bien interpretadas que eran, reflejaban esta decadencia, y prepararon el camino para los excesos diabólicos de la industria de música rock, que ocurren actualmente.

 

También Lennon fue un ateo que no tenía pelos en la lengua. Una de sus composiciones más famosas es una canción titulada “Imagínate”, en la que se presenta la idea de un mundo libre de la religión que hace estragos en la humanidad. Sin duda, Lennon pensaba que el patriotismo y la creencia en Dios eran responsables por las guerras y otros males sociales. En 1966, él dijo lo siguiente: El cristianismo desaparecerá. Se reducirá a nada.

 

No necesito discutir acerca de esto. Yo tengo la razón, y el tiempo comprobará la veracidad de mis palabras. Ahora gozamos de más popularidad que Jesús. No sé qué desaparecerá primero, si será el rack and roll o el cristianismo. Jesús era buena persona, pero sus discípulos eran hombres torpes y comunes. Es su manera de torcer las enseñanzas de Jesús lo que echó a perder el  cristianismo para mi.

Lo que sucedió es que Lennon fue el que desapareció, murió en 1980 asesinado por un sicópata que le dio cinco balazos en una de las calles de Nueva York. La paga del pecado de John fue la muerte. Ahora debe enfrentarse con aquel que dijo: “Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:19). Cualquier ser humano es un tonto, a pesar de su inteligencia o lo que haya logrado en esta vida, si no tiene en cuenta al Dios del universo. Es así de sencillo.

 

P4. Tratando de comprender por qué Dios hace lo que hace, me he hecho preguntas acerca del mundo de los espíritus, que se menciona en la Biblia. ¿Cree usted que de verdad existe esa clase de mundo espiritual?

 

R4. Sí lo creo, aunque no pretendo comprenderlo. Sólo sé que la Biblia habla de una guerra espiritual que ocurre en una dimensión más allá de la percepción del ser humano. Durante este período de nuestra historia, no se nos ha permitido comprender totalmente esta lucha. Sin embargo, en la Biblia podemos ver muy claramente tanto su existencia como su importancia. Podemos tener una idea del mundo invisible de los espíritus por medio de Daniel, según él lo vio hace unos quinientos años antes del nacimiento de Cristo. Este inteligente joven sólo tenía dieciséis años de edad cuando los babilonios conquistaron Jerusalén y lo llevaron deportado a Babilonia, junto con sus compatriotas que también sobrevivieron. Allí llegó a ocupar una posición de importancia política, y muy pronto se convirtió en la voz profética de Dios para su pueblo. Algunos años más tarde, Daniel tuvo una visión aterradora, en la cual le visitó un mensajero celestial. Muchos maestros bíblicos creen que ese visitante fue Cristo. En los primeros versículos del relato hecho por Daniel, se encuentra un fascinante vislumbre del mundo espiritual que no podemos ver con nuestros ojos y del conflicto entre el bien y el mal que ocurre allí:

 

Alcé los ojos y miré, y he aquí, había un hombre vestido de lino, cuya cintura estaba ceñida con un cinturón de oro puro de Ufaz. Su cuerpo era como de berilo, su rostro tenía la apariencia de un relámpago, sus ojos eran como antorchas de fuego, sus brazos y pies como el brillo del bronce bruñido, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud. Y sólo yo, Daniel, vi la visión; los hombres que estaban conmigo no vieron la visión, pero un gran terror cayó sobre ellos y huyeron a esconderse. Me quedé solo viendo esta gran visión; no me quedaron fuerzas, y mi rostro se demudó, desfigurándose, sin retener yo fuerza alguna. Pero oí el sonido de sus palabras, y al oír el sonido de sus palabras, caí en un sueño profundo sobre mi rostro, con mi rostro en tierra. Entonces, he aquí, una mano me tocó, y me hizo temblar sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos. Y me dijo: Daniel, hombre muy estimado, entiende las palabras que te voy a decir y ponte en pie, porque ahora he sido enviado a ti. Cuando él me dijo estas palabras, me puse en pie temblando. Entonces me dijo: No temas, Daniel, porque desde el primer día en que te propusiste en tu corazón entender y humillarte delante de tu Dios, fueron oídas tus palabras, y a causa de tus palabras he venido. Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso por veintiún días, pero he aquí, Miguel, uno de los primeros príncipes, vino en mi ayuda, ya que yo había sido dejado allí con los reyes de Persia. (Daniel 10:5-13, LBLA).

 

En este relato hay varios elementos fascinantes y angustiosos. En primer lugar, es sorprendente que un hombre de la categoría de Daniel (que era “muy estimado” delante de los ojos de Dios) no recibiera una respuesta instantánea a su oración. Tuvo que esperar tres semanas antes que la respuesta del Señor llegara. Lo más interesante de todo es la razón de la demora.

 

Aunque la oración de Daniel fue contestada inmediatamente, el “mensajero” tardó veintiún días para poder quitar de en medio a los seres satánicos que estaban tratando de impedirle el paso. Si realmente Jesucristo fue ese visitante, ¿qué nos dice eso acerca del poder temporal de las fuerzas del mal? Finalmente, desearía que pudiéramos entender más cerca del conflicto espiritual insinuado por el mensajero.

 

Después, en su conversación con Daniel él dijo: “Ahora vuelvo para luchar contra el príncipe de Persia, y cuando yo termine, he aquí, el príncipe de Grecia vendrá” (v. 20, LBLA). El significado de estos versículos es sorprendente. Se nos presenta el cuadro de toda la tierra dividida en territorios y jurisdicciones dirigidas por seres poderosos, cuya misión es oponerse a la voluntad de Dios. Tal vez haya un demonio de alto rango asignado a cada iglesia y cada universidad cristiana como sugiere Frank Peretti en su libro: Esta patente oscuridad.

Si esto parece exagerado, piense en la advertencia que Pablo nos ha hecho acerca de nuestro enemigo. El escribió: Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, si no contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12).

 

¿Cómo podemos prevalecer espiritualmente contra un enemigo tan peligroso y poderoso? No podemos hacerlo en nuestras propias fuerzas, pero gracias al Señor, él sí puede. La Biblia nos asegura que “mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4).Además, en otros pasajes pertinentes de las Escrituras encontramos palabras alentadoras. Examinemos uno de los que nos animan más.

 

Anteriormente hablamos de Elías, a quien Dios lo envió a esconderse en el arroyo de Querit. Ahora, observemos a Eliseo, el sucesor de Elías, según se nos relata en el capítulo 6 del Segundo Libro de Reyes. El malvado rey de Siria odiaba a Eliseo, y supo que estaba viviendo en Dotán. Una noche, envió un gran ejército con muchos caballos y carros de guerra para capturar al profeta. Los soldados acamparon alrededor de la ciudad hasta el amanecer, sabiendo que tenían atrapado a su enemigo. A la mañana siguiente, el criado de Elías se levantó temprano y vio a aquel ejército que estaba colocado en orden de batalla contra ellos. Entonces fue corriendo hasta donde estaba el profeta, y lleno de ansiedad le dijo: “¡Ah, señor mío! ¿Qué haremos?” (v. 15).

 

El gran hombre de Dios, respondió: “No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos” (v. 16).

 

Su criado debe de haberse quedado perplejo, porque solamente ellos dos estaban allí de pie. Luego Eliseo le pidió al Señor que abriera los ojos del joven, y de pronto éste vio que las montañas alrededor de ellos estaban llenas de caballos y de carros de fuego. Había todo un ejército de seres celestiales esperando para luchar por el Señor.

 

¡Cuán emocionante es saber que hay guerreros invisibles a nuestro alrededor en los momentos de ataques satánicos! ¿Sigue siendo esto cierto hoy en día? Bueno, en el Salmo 34:7se nos dice: “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende”. En el Salmo 91:11 leemos: “Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos”. Y hebreos 12:11 nos asegura que estamos rodeados de una “grande nube de testigos”. En realidad, es alentador el saber que no estamos solos, incluso cuando estamos en medio de una batalla espiritual. Además, debemos recordar que todos los ángeles, inclusive los que nos ayudan en nuestras necesidades, estuvieron involucrados en una guerra celestial antes del principio de la creación. No se nos dan los detalles de ese conflicto, pero podemos comprender que Satanás y sus demonios fueron derrotados por Dios y sus ángeles. Por lo tanto, Es lógico el suponer que los seres angelicales que acampan a nuestro alrededor son expertos en la lucha contra las fuerzas del mal. Y si ellos necesitaran ayuda, pueden apelar a aquel de quien la Biblia dice: “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31).

 

P5 ¿De qué manera cree usted que el mundo espiritual, invisible, influye en las actividades diarias de nosotros los cristianos?

 

R5. No lo sé, pero eso es motivo para teorías muy interesantes. Permítame relatarle una experiencia personal, sólo con el propósito de considerar las posibilidades.

 

Hace algunos años, estuve muy ocupado realizando una investigación en la que cada año me veía obligado a visitar dieciséis centros médicos importantes. En uno de esos viajes tuve que ir a la ciudad de Nueva York, en un hospital, tome unas horas para ir a ver algunos lugares de interés. Dos compañeros fueron conmigo en un viaje turístico improvisado de la ciudad. Era un día muy agradable, y conversamos amigablemente a medida que íbamos de un lugar a otro en el tren subterráneo.

 

De repente, uno de mis colegas dijo: “¡Oigan! Miren a aquel tipo raro que está allá de pie sobre la plataforma. ¿No estaba con nosotros en los dos últimos trenes?” Todos recordamos que, sin lugar a dudas, aquel hombre había estado cerca de nosotros, por lo menos, durante media hora. Ahora estaba observándonos atentamente desde unos nueve metros de distancia. Antes que pudiéramos comprender que era lo que estaba haciendo, nos dimos cuenta de que nuestro próximo tren había llegado a la estación. Subimos al tren en el último momento, y las puertas se cerraron rápidamente detrás de nosotros. El tipo mugriento corrió hacia nosotros, pero llegó demasiado tarde, y se enfureció cuando no pudo lograr que las puertas automáticas se abrieran. Se agarró de uno de los pasamanos del lado del tren, gritándonos obscenidades y amenazas. Entonces tuvo que soltarse a medida que la velocidad aumentó. La última vez que lo vi, estaba agitando los brazos y gritándonos insultos mientras el tren salía de la estación.

 

Mis amigos y yo nos pusimos a hablar de la manera increíble en que aquel hombre se había comportado, y nos preguntamos cuáles serían sus intenciones. ¿Qué estaría planeando hacer? ¿Nos habríamos librado de algún acto de violencia, al habernos subido al tren? ¿Quién sabe? De lo único que podemos estar seguros es que ese hombre nos había escogido para darnos alguna sorpresa, que probablemente habría sido bastante desagradable.

 

Tal vez, evitamos una experiencia que habría puesto en peligro nuestras vidas, por medio de algo que pareció ser una simple coincidencia. Por supuesto, es posible que el Señor interviniera específicamente para protegernos en el tren subterráneo.

 

Estábamos totalmente desprevenidos y expuestos a los planes secretos de ese hombre que quizás era un sicópata, o drogadicto o asesino. Sólo el pensar en lo que pudiera haber ocurrido, nos plantea una importante pregunta: ¿cuántas veces tal vez hemos sido librados de consecuencias peligrosas, de las cuales jamás nos dimos cuenta? Esta es una idea muy interesante. ¿Quién puede saber cuán a menudo el Señor nos protege o nos guía silenciosamente por un camino más seguro? Hay otras ocasiones en las que casi parece que todo h~ sido predeterminado para que tengamos una tragedia. Recuerdo una tarde cuando regresaba de mi trabajo a casa, y vi un terrible accidente automovilístico en una de las autopistas de Los Ángeles. El primer auto chocó con la división del centro, cruzando hasta el otro lado de la autopista, y chocando luego con uno de los autos que venía de frente. Los dos choferes murieron instantáneamente. A menudo he pensado en la increíble coordinación que fue necesaria para causar ese accidente. Si los dos hombres iban a cien kilómetros por hora, se estaban acercando uno al otro a una velocidad combinada de doscientos kilómetros por hora. Si lo calculamos de otra manera, podemos decir que sus autos estaban aproximándose para encontrarse uno con el otro, a razón de 53,6 metros por segundo. Si el hombre que estaba en el primer auto se hubiera adelantado por una décima de segundo, probablemente el chofer del segundo auto habría pasado el lugar del choque antes del momento en que ocurrió el accidente. Es casi seguro que el auto que venía detrás del segundo chofer habría sido el involucrado en el choque. Cuando pensamos en esto, llegamos a la conclusión de que el cambio más mínimo en lo que cualquiera de los dos hombres hizo ese día habría servido para salvar la vida del segundo de ellos. De esta manera, podemos ver que la mayoría de los accidentes fatales dependen de una coordinación de solamente una fracción de segundo. Verdaderamente, nuestras vidas están pendientes de un hilo, aun cuando no nos darnos cuenta de algún peligro en particular. ¿No parece que es sabio, teniendo en cuenta lo que está en juego, que continuamente oremos por cada día y cada una de nuestras actividades? Santiago habló del carácter incierto de esta vida, cuando dijo:

 

¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello (Santiago 4:13-15).

 

Lo esencial es que nuestro bienestar, en medio de toda la confusión de la vida, es influenciado por fuerzas que están fuera del alcance de nuestra inteligencia.

 

Estamos atrapados en una lucha entre el bien y el mal, que desempeña un papel importante, aunque indeterminado, en nuestras vidas. Entonces, nuestra tarea no es descifrar exactamente cómo deben encajar en su lugar las piezas del rompecabezas, y cuál es todo su significado, sino permanecer fieles y obedientes al Señor, quien es el único que conoce todos los misterios.

James Dobson.

Cap. 11

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  1. Pregunta: el libro se llama “mas preguntas y respuestas” o es el capitulo del libro. ¿En definitiva, como se llama el libro?. Bendiciones

  2. maria eugenia says:

    Hermanos y hermanas.

    Saber pedir como conviene.

    Cuando oramos para interceder por alguien, debemos orar como conviene.

    En este caso particular de la intersección por un ser querido que es esclavo mal camino, solo se debe pedir sabiduría para esa alma rota y herida por el mal.

    Se los digo porque la mucha palabrería y las vanas repeticiones no son oídas.

    Si ustedes piden que sólo les de sabiduría, verán como esa alma alegrará al Padre.

    ¿Por qué?….sabiduría.

    Porque la sabiduría, es el temor al Creador.

    Sin sabiduría, no se tiene temor ni respeto al Creador y eso trae consigo malas obras, mal camino, separación del hombre con su Hacedor.

    Esto es un consejo, para los que estén viviendo situaciones de este tipo, hijos no convertidos y sin temor al Hacedor, descansen en el Señor, pidan sabiduría para sus hijos, para ustedes mismos, que los abrace la sabiduría del Santo, para que se aparten sus pasos de toda senda de muerte.

    Bendiciones.

  3. Agradecida!!! a Ud. SABIA hermana María Eugenia,simple u contundente su consejo, lo que ppasa es que “le agregamos muchas quejas com si Dios no viera a nuestras hijas/os,le decoimos tanto que la oración es todo “un reclamo” en vez de una SÚPLICA POR SU MISERICORDIA,me he portado así…agregando las “lágrimas como razón de urgencia”!!! después deestas oraciones realmente terminamos “de cama…¡¡agotados!!”…en vez de “CREAN QUE YA LO RECIBIERON”…Y LES VENDRÁ (EL OPORTUNO SOCORRO)¡¡¡así de sencillo es Nuestro SALVADOR!!.voy aprendiendo!!! Gracias por el consejo querida hermana M.Eugenia.MARANATA!!!

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