Jan 3, 2015

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El Mártir de las Catacumbas. Cap. 05

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EL SECRETO DE LOS CRISTIANOS

El misterio de la piedad, Dios manifestado en carne.

EL JOVEN OFICIAL permaneció atónito al darse cuenta del efecto que su solo nombre había producido.

Y reaccionando dijo: -¿Por qué todos tembláis de ese modo? ¿Es por ventura a causa de mí?

Honorio le contestó: -Ay de mí. Aunque proscritos nos hallamos en estos lugares, tenemos constante comunicación con la ciudad. Estamos enterados de que nuevos esfuerzos han de hacerse para perseguirnos con más severidad, y que Marcelo, capitán de los pretorianos, ha sido designado para buscarnos. Y en este momento a ti te vemos en nuestra presencia, a nuestro principal enemigo. ¿No es ésta suficiente causa para que temamos? ¿Por qué habrías tú de perseguirnos hasta este lugar?

Marcelo exclamó: -No tenéis causa para temerme, aun en el caso que yo fuese vuestro peor enemigo. ¿No estoy en poder de vosotros? Si quisiereis detenerme, ¿podría yo escapar? Si quisiereis matarme, ¿podría yo resistir? Estoy sencillamente entre vosotros tal como me veis, sin ninguna defensa. El hecho de encontrarme aquí solo es prueba de que no hay peligro de parte mía.

Honorio, reasumiendo su aire de calma, dijo: -Verdaderamente, tienes razón; tú de ninguna manera podrías regresar sin nuestra ayuda.

-Escuchadme, pues, que yo os explicaré todo. Yo soy soldado romano. Nací en España y fui criado en la virtud y la moralidad. Se me enseñó a temer a los dioses y a cumplir con mi deber. Yo he estado en muchas tierras y me he dedicado por entero a mi profesión. Sin embargo, nunca he descuidado mi religión. En mis habitaciones he estudiado todos los escritos de los filósofos de Grecia y de Roma. Como resultado de ello he aprendido a desdeñar nuestros dioses y diosas, los que no son mejores, y más bien son peores que yo mismo.

-Platón y Cicerón me han enseñado que hay una Deidad suprema a la que es mi deber obedecer. Pero ¿cómo lo puedo conocer y cómo le debo obedecer? También he aprendido que yo soy inmortal, y que cuando muera me he de convertir en espíritu. ¿Cómo seré entonces? ¿Seré feliz o miserable? ¿Cómo puedo yo asegurarme la felicidad en la vida espiritual? Ellos describen con derroche de elocuencia las glorias de la vida inmortal, pero no dan instrucciones para los hombres comunes como yo. Pues el llegar a saber todo esto es lo que constituye el anhelo vivo de mi alma.

-Los sacerdotes son incapaces de decir nada. Ellos se encuentran enlazados con antiguos formalismos y ceremonias en las cuales ellos mismos jamás han creído. La antigua religión es muerta; son los hombres los que la mantienen en pie.

-En las diferentes tierras por donde he andado, he oído mucho sobre los cristianos. Pero encerrado, como lo he estado en mi cuartel siempre, jamás he tenido la feliz oportunidad de conocerlos. Y para ser franco, no me he interesado por conocerlos hasta últimamente.

He oído los informes comunes de su inmoralidad, sus vicios secretos, sus pérfidas doctrinas. Y desde luego hasta hace poco yo creía todo eso.

-Hace unos pocos días estuve en el Coliseo. Allí recién aprendí algo respecto a los cristianos. Yo contemplé al gladiador Macer, un varón a quien el temor era desconocido, y él prefirió hacerse quitar la vida, antes que hacer lo que él creía que era malo. Vi un venerable anciano hacer frente a la muerte con una pacífica sonrisa en sus labios; y, sobre todo, vi un puñado de muchachas que entregaron su vida a las fieras salvajes con un canto de triunfo en sus labios:

Al que nos amó,

Al que nos ha lavado de nuestros pecados

Lo que Marcelo expresó produjo un efecto maravilloso. Los ojos de los que escuchaban resplandecían de gozo y vehemencia. Cuando él mencionó a Macer, ellos se miraron los unos a los otros con señas significativas. Cuando él habló del anciano, Honorio inclinó la cabeza.

Cuando habló de los niños y muchachas, y musitaron las palabras del himno que cantaron, todos voltearon el rostro y lloraron.

-Fue aquella vez la primera de mi vida en que vi derrotada la muerte. Desde luego yo puedo afrontar la muerte sin temor, como también cada soldado que se ve en el campo de batalla.

Pues tal es nuestra profesión. Pero estas personas se complacían y regocijaban en morir. Aquí no se trata de soldados, sino de niños, que estaban imbuidos de los mismos sentimientos en sus corazones.

-Desde entonces no he podido pensar absolutamente en ninguna otra cosa. ¿Quién es ése que os amó? ¿Quién es el que os lavó de vuestros pecados Con su sangre? ¿Quién es el que os da ese valor sublime y esa esperanza viva? ¿Quién o qué es lo que os sostiene aquí? ¿Quién es Aquel a quien acaban de estar hablando?

-Yo efectivamente he sido comisionado para conducir los soldados contra vosotros para destruiros. Pero primeramente quiero saber más respecto a vosotros. Yo juro por el Ser supremo que esta, mi visita, no os ha de ocasionar ningún daño. Decidme, pues, el secreto de los cristianos.

Honorio contestó, -Tus palabras son ciertas y sinceras. Ahora ya sé que tú no eres espía o enemigo, sino más bien una alma inquisitiva que ha sido enviada aquí por el mismo Espíritu Santo para que conozcas aquello que hace tiempo has estado buscando.

Regocíjate, pues, porque todo aquel que viene a Cristo de ninguna manera será desechado.

-Has visto hombres y mujeres que han dejado amigos, hogar, honores, y riquezas para vivir aquí en necesidad, temor, dolor; y todo lo han tenido por pérdida por causa de Jesucristo. Ni aun sus propias vidas aprecian ellos. El cristiano lo deja todo por Aquel que le amo.

-Tienes toda la razón, Marcelo, al pensar que hay un gran poder que puede hacer todo esto. No es el mero fanatismo, no es ilusión, ni menos es emoción. Es el conocimiento de la verdad y el amor al Dios viviente.

-Lo que tú has buscado por toda tu vida es para nosotros nuestra más cara posesión. Atesorado en nuestros corazones, es para nosotros más digno sin lugar a compararse siquiera con todo lo que el mundo puede dar u ofrecer. Nos otorga felicidad en la vida aun en este tenebroso lugar, y nos da la victoria frente a la misma muerte.

-Tú anhelas conocer al Ser supremo; pues nuestra fe (el Cristianismo) es la revelación de Él. Y por medio de esta revelación El hace que le conozcamos. Conforme es infinito en grandeza y poder, también lo es en amor y misericordia. -esta fe nos acerca tan estrechamente a Él, que Él llega a ser nuestro mejor amigo, nuestro guía, nuestro  consuelo, nuestra esperanza, nuestro todo, nuestro Creador, nuestro Redentor, y el presente y eterno Salvador.

-Tú quieres saber de nuestra vida inmortal. Pues nuestras escrituras sagradas nos explican esto. Ellas nos enseñan que creyendo en Jesucristo, el Hijo de Dios, y amando y sirviendo a Dios en la tierra, moraremos con Él en infinita y eterna bienaventuranza en los cielos. Ellas también nos muestran cómo debemos vivir a fin de agradarle aquí, a la vez que nos enseñan cómo le hemos de alabar por siempre después de esta vida. Por ellas conocemos que la muerte, aunque es una maldición, ya no lo es para el creyente, sino que más bien se torna en bendición, puesto que “partir y estar con Cristo es mucho mejor,” en vez de permanecer aquí, porque entramos a la presencia de “Aquel que nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros.”

-Por consiguiente, exclamó Marcelo, si esto es así, hacedme conocer esta verdad. Porque esto es lo que he estado buscando por largos años; por esto he orado a aquel Ser supremo de quien he oído solamente. Tú eres el poseedor de aquello que yo he anhelado saber. El fin y el objetivo de mi vida se encuentran aquí. Toda la noche está delante de nosotros. No me deseches ni dilates más; dime todo de una vez. ¿Es verdad que Dios ha revelado todo esto, y que yo he estado en ignorancia de ello?

Lágrimas de gozo brillaron en los ojos de los cristianos. Honorio musitó unas palabras de oración de gratitud a Dios. A continuación extrajo un manuscrito que desdobló con tierno cuidado.

Y siguió diciendo, -Aquí, amado joven; tienes la palabra de vida que nos vino de Dios, que es la que trae tal gozo y paz al hombre. Aquí hallamos todo lo que desea el alma. En estas palabras divinas aprendemos lo que no podemos hallar en ninguna otra parte. Y aunque la mente acaricie estas verdades por toda una vida, con todo nunca llegará a dominar la máxima extensión de las verdades gloriosas.

Entonces Honorio abrió el libro y empezó a decir a Marcelo acerca de Jesucristo. Le habló de la promesa en el Edén de Uno que había de herir a Satanás en la cabeza; y la sucesión de profetas que habían predicho su venida; del pueblo escogido por medio del cual Dios había mantenido vivo el conocimiento de la verdad por tantas edades, y de las obras portentosas que ellos habían presenciado. Le leyó el anuncio de que el Hijo de Dios había de nacer de una virgen.

Le leyó sobre el nacimiento; su niñez; las primeras presentaciones; sus milagros; sus enseñanzas.

Todo esto le leyó, agregando unos pocos comentarios de su parte, del sagrado manuscrito.

Seguidamente pasó a relatar el tratamiento que El recibió: las burlas, el desprecio, la persecución que aceleró todo hasta llegar El a ser traicionado y condenado a muerte.

Finalmente leyó la narración de su muerte en la cruz del Calvario.

El efecto de todo esto era maravilloso en Marcelo.

La luz parecía iluminar su mente. La santidad Dios que abomina el pecado del hombre; su justicia que demanda el castigo; su paciencia infinita que previno un modo de salvar a sus criaturas de la ruina que ellas mismas habían traído sobre sí; su amor inconmensurable que le llevó a dar su Hijo unigénito y bien amado; ese amor que le hizo bajar para sacrificarse para la salvación de los hombres; todo fue explicado con claridad meridiana. Cuando Honorio llegó a la culminación de la dolorosa historia del Calvario, y al punto cuando Jesús clamó, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” seguida del grito de triunfo “¡Consumado es!”, se pudo oír un profundo suspiro de Marcelo. Y mirando a través de las lágrimas que humedecieron sus propios ojos, Honorio vio la forma de aquel hombre fuerte inclinada y temblando de emoción.

-Basta, basta, -murmuró quedamente, dejadme pensar en El:

Al que nos amó, Al que nos ha lavado de nuestros pecados Con su propia sangre.

Y Marcelo hundió su rostro en sus manos. Honorio elevó sus ojos al cielo y oró. Los dos habían quedado solos, porque sus compañeros se habían retirado. La tenue luz de una lámpara que estaba en una hornacina detrás de Honorio, iluminaba débil-mente la escena. Y así ambos permanecieron en silencio por un largo tiempo.

Finalmente Marcelo levantó la cabeza.

-Y0 siento -dijo él-, que yo también tuve culpa y causé la muerte del Santo. Leedme más de esas palabras de vida, porque mi vida depende de ellas.

Entonces Honorio le volvió a leer la historia de la crucifixión y la sepultura de Jesús, la resurrección la mañana del tercer día, y su ascensión a la diestra de Dios. También leyó la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés, que bautizó a los creyentes en un solo cuerpo, de su permanente morada que hace su templo el cuerpo del creyente, y de su maravilloso ministerio de glorificar a Cristo y de revelarle a los pecadores arrepentidos.

Empero él no terminó allí, sino que procuró traer la paz al alma de Marcelo, leyéndole las palabras de Jesús invitando al pecador a venir a Él, y asegurándole la vida eterna como posesión real y presente en el momento en que se le acepta como Señor y Salvador. Leyó también sobre “el nuevo nacimiento,” la nueva vida, y la promesa de Jesús de volver otra vez para recoger a todos aquellos que han sido lavados con su sangre para encontrarse con Él en las alturas.

-Es la palabra de Dios exclamó Marcel-. Es la voz desde los cielos. Mi corazón responde y acepta todo lo que he oído. ¡Y yo sé que es la verdad eterna! Pero ¿cómo puedo yo venir a ser poseedor de esta salvación? Mis ojos parecen haber sido alumbrados y está despejada toda nube.

Al fin me conozco. Antes yo creía que era un hombre justo y recto. Pero al lado del Santo, de que he aprendido tanto, yo quedo hundido en el polvo; veo que ante El yo soy un criminal, convicto y perdido. ¿Cómo puedo ser salvo?

-Cristo Jesús vino al mundo a buscar y salvar lo que se había perdido.

-¿Y cómo puedo yo recibirlo?

-La palabra está cercana, aun en tu boca y en tu corazón: es decir, la palabra de fe que nosotros predicamos, que si tú confesares con tu boca a1 Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se hace confesión para salvación.

-¿Pero no hay nada que yo deba hacer?

-Por gracia sois salvos por la fe; y esa salvación no es de vosotros sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. La paga del pecado es muerte; mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.

-Pero, ¿no hay sacrificio que yo tenga que ofrecer?

-El ha ofrecido un sacrificio por el pecado por siempre, y ahora está sentado a la diestra de Dios, y puede salvar para siempre a todos los que vienen a Dios por El, siendo que siempre vive e intercede por ellos.

-Ah, luego si yo me puedo acercar a Él, ¡enséñame las palabras, condúceme ante El!

En la oscuridad de la helada bóveda, en la soledad del solemne silencio, Honorio se arrodilló, y Marcelo se inclinó al lado de él. El venerable cristiano elevó su voz en oración.

Marcelo sintió que su propia alma estaba siendo elevada al cielo en esos momentos, a la presencia misma del Salvador, por la virtud de aquella ferviente oración de fe viva. Las palabras hacían eco en su propia alma y espíritu; y en su profundo abatimiento él dejó su necesidad en manos de su compañero, para que él la presentara de la manera más propia que él mismo podría hacerlo. Pero finalmente sus propios deseos de orar crecieron. La fe le alcanzó, y con temor y temblor, empero con fe real, su alma fue fortalecida, hasta que finalmente Honorio terminó, y su lengua se soltó y elevó el clamor de su corazón: -Señor, creo, ¡ayuda Tú mi incredulidad!

Aquel único Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, había venido a ser real por la fe; y las palabras de Jesús: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación (juicio), mas pasó de muerte a vida… Y yo les doy vida eterna (a mis ovejas); y no perecerán para siempre; ni nadie las arrebatará de mi mano,” todas estas palabras fueron creídas, recibidas, disfrutadas.

Las horas transcurrieron. Pero ¿quién podría describir acertadamente el progreso del alma que pasa de muerte a vida? Basta con saber que cuando rayó el alba arriba en la luz, un día glorioso había amanecido en el alma y el espíritu de Marcelo en las bóvedas inferiores.

Sus anhelos habían sido completamente satisfechos; la carga de sus pecados le había sido quitada, y la paz de Dios por Jesucristo le había henchido.

El secreto de los cristianos era suyo, y él se había convertido voluntariamente en esclavo de Jesucristo. Unido con sus hermanos en Cristo, ahora él también podía cantar:

 

Al que nos amó,

 

Al que nos ha lavado de nuestros pecados

 

En su sangre,

 

A Él sea gloria y dominio

 

Por los siglos de los siglos.

 

***

CAP. 04

CAP. 06


Al ir leyendo este capitulo, mi imaginación se hecho a volar y empecé a recrear en mi mente como pudo haber sido ese encuentro de Marcelo con Jesús, no pude evitar el correr de mis lagrimas al leer con que vehemencia Honorio le hablaba de Jesucristo y su obra, pero sobre todo el imaginar las condiciones en las que vivian esos primeros Cristianos y que tenian en poco su vida, pues su fe estaba puesta mas allá de los material y de los sufrimientos, y sabían que al morir en las circunstancias que fuesen, tenia un lugar asegurado en el cielo.

Aleluya, cuán grande es nuestro DIOS.

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  1. cayetano vignale says:

    Leyendo el libro una parte me toco casi en forma personal, recuerdo cuando entre la sait el regresa en busca de una parte de la verdad biblica, una parte del rempecabezas biblico y lo encotre entre mis hermanos pentecostales, y a pesar de yo no serlo oficialmente, una parte de mi lo es no oficialmente, pues cayeron de mis ojos cual escamas y puede ver la otra cara de la verdad, otro matis de una unica verdad, la parte que me toco fue:

    Honorio contestó, -Tus palabras son ciertas y sinceras. Ahora ya sé que tú no eres espía o enemigo, sino más bien una alma inquisitiva que ha sido enviada aquí por el mismo Espíritu Santo para que conozcas aquello que hace tiempo has estado buscando.

    Regocíjate, pues, porque todo aquel que viene a Cristo de ninguna manera será desechado.

    • Han llamado mi atención sus palabras hermano Cayetano, y me surge una pregunta: ¿Ha encontrado usted entre los Pentecostales lo que su corazón buscaba? ¿Una vez que ha conocido la doctrina, dogma o creencia de los Pentecostales, ha calmado su busqueda?

      Leyendo el libro de La Visión he visto algo que se me había pasado por alto, lea de la pagina 94 a la 97, y dígame que piensa.

      Dios le bendiga grandemente.

      • cayetano vignale says:

        Mire mi hermano, el evangelio tal como lo conosemos es como una moneda, yo conosia una cara de esta, los hermanos tradicionalistas, la otra cara son los hermanos pentecostales, cuando se conjuga las dos caras de la moneda se cose la moneda en verdad o sea una parte del total de la verdad de Cristo, pues esto nunca va a acabar, o sea el conosimiento profundo, y el que diga que tiene la verdad completa esta mintiendo, tan solo tenemos una parte de la verdad, la verdad completa tan solo se lograra ante la presencia de Dios, yo buscaba siempre la verdad, con mis hermanos pentecostales encontre gran parte de esa verdad que se complemente como anillo al dedo con la iglesia tradicionalista, ovejas y cabritos encontrara en ambas iglesias, eso es algo normal, mas que busquen simpre la verdad se da en pocos caso, algo normal es estar en un bando u otro, nadie acepta que se navegue en las dos aguas, mas para comprender la verdad se nesesita el conosimiento de los tradicionalistas y carismaticos(pentecostales), usted tan solo conose una cara de la moneda, lo bueno es conoser las dos caras, la busqueda tan solo termina en la presencia de Dios.

        Le dare un ejemplo, 1 corintios 13:10 LO PERFECTO, para los tradicionalistas es una cosa y para los pentecostales es otra, yo descubri que los dos tienen razon completa de interpretacion, y gracias a ese descubrimiento que hise pude dilucidar el controvertido verdiculos de 1 Juan 5:7 y enteder en su plenitud algo que es casi como un tabu tanto para tradicionalistas como pentecostales y caballito de batalla en nuestra contra para los uniteistas.

        Con relacion a la Vicion pagina 94 a la 97 es esactamente lo que esta pasando y pasara en un futuro no muy lejano cuando la ley acta y la pesecucion tomen auge, en agunos lugares sera mas terrible en otros menos, mas todos seremos perseguidos, si hace memoria cuando eramos chicos, los dos tenemos la misma edad, desir que eramos evangelicos era algo que se nos abria las puestas ni hablemos se un hermano era pastor, hoy cuando desimos que somos evangelicos es simbolo de delincuencia y robo y ni hablar si se dice que es pastor, entoces se mete la mano en el bolsillo por temor que te roben la cartera, esto creo que es normal, es parte de esta apostacia, esta gran señal de los ultimos tiempos, mas como dice David Wilkinson, nos estamos uniendo, no en un ecunuminismo sino en un solo espiritu inquisitivo que busca la verdad, mas aya de doctrinas humanas sino doctrina de Dios, a esto lo podemos ver en nuestro sait, hay pentecostales, tradicionalista y hasta catolicos carismaticos, tal cual dise le libro la vicion, incluso e notado por charlar con hermanos carismaticos catolicos brasileros que la iglesia de roma los esta apartando y despresiando tal cual dise el hermano David en su libro la vicion en la pagina 94-97 lo pongo pues esto es leido por todos los hermanos y para que se den cuenta de lo que estamos hablando

        • cayetano vignale says:

          No se lo que paso mas se imprimio sin terminar de escribir, estaba por poner el sait del libro LA VICION, libro que todos los hermanos deben tener, no en el computador sino imprimirlo y guardarlo.

          http://www.scribd.com/doc/9569104/La-Vision-David-Wilkerson

          Ma usted ve hermano que cuantos hermanos catolicos carismaticos estan buscando la verdad como reselosos mas entran al sait y buscan la hermandad.

          Creo personalmente que lo que esta profetizado por el hermano sera una realidad que se concretara en tan solo dias o meses nada mas, pues ya veo que se esta concretando, mas no en la magnitud que dice el hermano David todavia.

          Que Dios lo bendiga y cuide hermano.

  2. un pensamiento.
    el hospital del cielo esta abierto 24 horas,
    no se necesita cita,
    la consulta es gratuita,
    las recetas son las oraciones,
    las medicinas son paciencia,bondad,fe.
    el tratamiento es esperanza,
    las curaciones son milagrosas,
    el telefono esta en tu recamara,
    marca,la linea siempre esta disponible,
    aviso:DIOS siempre te oira,nosotros a veces no lo escuchamos.

  3. de ahora en adelante comienzo a buscar un cerro o montaña,mi plan es comenzar a construir un refugio secreto parecido a estos.
    lo voy a hacer lejos de la ciudad donde vivo,y en zona de dificil acceso.

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