May 12, 2017

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“HOY ES HOY. AYER FUE”: Aporte Hno. Rodolfo S. F.

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Hola hermanos que la bendicion del Señor este con ustedes, mi nombre es Rodolfo.
les cuento mi testimonio,que pude escribir como una carta , que comparto con todo aquel que el Señor pone en mi camino.

HOY ES HOY. AYER FUE

Será que avanzamos tan rápido que no nos damos cuenta lo que dejamos atrás. Por eso en estos días me puse a pensar en el tiempo. No sé si será que “estoy pisando los cincuenta o que los cincuenta me están pisando a mi”, pero cada década tiene su crisis (la clave está en el tiempo).

Algunos dicen que el tiempo es aquello que se nos escapa entre los dedos y no podemos detener. Podemos cubrirnos del sol, de la lluvia y del viento, para que no nos dañen, pero del paso del tiempo ¿quién nos librará? vos y yo podemos vivir en un mismo tiempo y espacio, pero mi tiempo puede estar menguando y el tuyo creciendo.

Las agujas del reloj avanzan hacia el futuro. Viajar al futuro es posible, lo hacemos permanentemente. La flecha del tiempo sólo va hacía adelante y hasta está comprobado científicamente que viajar al futuro sería posible si alcanzásemos la velocidad de la luz. Por ejemplo si una nave espacial sale del planeta viajando a la velocidad de la luz y vuelve luego de un viaje de siete años, aquí en la Tierra habrán transcurrido quinientos años.

Esto me hizo pensar en la diferencia entre el tiempo como nosotros lo conocemos y la eternidad, ya que Dios creo tanto el tiempo como la ausencia de tiempo, porque la Biblia dice que para Él mil años es como un día y un día como mil años. En conclusión, podemos viajar en el tiempo hacia adelante pero el sueño de la ciencia que es viajar hacia atrás por ahora es imposible. Pero… ¿a quien no le gustaría regresar al pasado y corregir lo que hizo mal, o cambiar lo malo que nos hicieron o lo malo que le hicimos a otros, incluso si pudiéramos evitar el daño que nos hicimos a nosotros mismos? La historia sería otra y las paradojas de tu vida tendrían otro sentido hoy, si pudieras decir “si” cuando dijíste “no” y si pudieras decir “no” cuando dijíste “si”: quizás todo lo que hoy te angustia y traba tu vida no existiría.

Si yo pudiera volver el tiempo atrás le diría “si” a mi madre cuando una mañana me preguntó si la acompañaba a comprar como siempre, como siempre lo hacía, pero le dije “no” y preferí arreglar mi bicicleta; tenia catorce años, era más inocente, esa fue la última vez que la vi con vida. Esa mañana no fue una mañana como todas, al llegar a mis oídos la noticia de su muerte trágica fui corriendo y llorando a donde estaba la bici y, con todas mis fuerzas, la estrellé contra la pared y nunca más volví a tocarla.

La gente tratando de consolarme, decía que lo ocurrido “había sido la voluntad de Dios” . Y fue así que, queriendo encontrar un culpable de lo ocurrido (ademas de culparme a mí mismo), no tuve mejor idea que enojarme con el Ser Supremo y así, siendo católico me volví el más perfecto de los ateos.

Recuerdo aquél día fue después de meses de negar la existencia de Dios, estaba en la panadería de la esquina de mi casa y oí a dos vecinas que comentaban la tragedia de un hombre cuya esposa lo había abandonado con dos hijos pequeños para irse con otro. En ése momento recuerdo que rompí mi pacto de silencio y dije: Señor, te pido por esos niños, para que los consueles, los cuides y te pido perdón por hacerte culpable por la muerte de mi madre, ya que fue la muerte quien me la arrebató y no la vida. Mi madre nunca quiso irse, pero aquella mujer abandonó su familia voluntariamente sin importarle nada. Creo que ese día me amigue con Dios.

El tiempo seguía su curso y aunque a nadie de mi familia jamas se le había ocurrido culparme, yo ya lo había hecho y el diablo aprovechó esa oportunidad haciéndome pensar y creer que el suicidio era la solución, tambien tengo que reconocer que fui salvado de varios accidentes en forma inexplicable, sobrenatural, saliendo ileso de una muerte segura. Pero yo, lejos de agradecerle, le reproché a Dios diciéndole: “¿Por qué no salvaste a mi madre así como me salvaste a mí ?. La respuesta que escuché fue el más absoluto silencio.

Tiempo después cuando tenia dieciocho años y estaba en pleno servicio militar, estallo la guerra de Malvinas. En el período de instrucción casi pierdo un brazo por una infección y pude sentir que la mano de Dios estuvo ahí. A los veintidós años en mi subconsciente, la culpa que sentía por aquel “no” que le dije a mi madre seguía bloqueando mi vida y esto sumado a muchos desengaños amorosos, no hacían de ese el mejor momento de mi vida.

Un día viaje a la casa de mi tía Pina de Mendoza a reclamar una explicación a otro desengaño y fue allí donde por primera vez sentí deseos de matar. Mi novia Mendocina aquella que mi prima Rosi me había presentado unos meses atrás, ya no me quería. Llevado por el odio, estaba decidido a asesinarla. El tren que me llevaría a Buenos Aires salia esa misma noche, pero yo tenia otros planes, me esperaban en la estación pero yo no iría hacía allí. Recuerdo que – de pronto – en medio de tantas voces de odio, pude sentir al Señor decirme: ”¿Que estas por hacer?” Y esa noche tuve la oportunidad de reflexionar y despertar como de un sueño y otra vez preguntarle al Señor “¿Que quieres de mí?”. Mientras en la estación todos me buscaban, volví a la casa de mi tía y le conté lo que me pasaba. Ella sabía la respuesta a esa pregunta y esa misma noche en una iglesia evangélica de los hermanos Libres, un mensaje de Dios llego a mi vida y entendí que no podía borrar, retroceder, y corregir lo ocurrido en el pasado, pero Dios me ofrecía una nueva vida, un punto de partida en Jesús, me ofrecía quitarme esa culpa que sentía si venia a el arrepentido y lo aceptaba como mi Señor y Salvador. Ya que en la Cruz pago mi deuda y en su muerte y resurrección, solo por Fe, sin merito propio me daba vida eterna. Y ese día tomé la más importante decisión de mi vida, le dije: “si” al Señor, un “si” del que jamas me arrepentiré. “Si, señor, perdona mis pecados y dame tu paz”. Lo que sentí después no lo puedo explicar, tienes que sentirlo tu mismo.

Al volver al cuarto donde dormía en la casa de mi tía y encender la luz, una sombra comenzó a dar vueltas en la habitación. Parecía no poder estar donde yo estaba y, luego de varias vueltas, desapareció. Ese fenómeno, aunque inexplicable, no me quitó el sueño, y esa noche dormí como un bebé: había nacido de nuevo.

Tiempo después ya en Buenos Aires, me acerqué a una iglesia en Monte Grande y un día escuché una canción que decía: “Cuando Cristo vino a mi corazón, mi vida entera cambió. Su paz y su amor alejaron de mí las las dudas, las sombras y el temor.”

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron ,he aquí todas son hechas nuevas. (2da. Corintios 5:17). Mi historia en Cristo

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Rodolfo S Frangiosa.

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  1. GABRIELA says:

    ¡Wooo! Que impactante y hermoso testimonio, yo tambien algunas veces he querido cambiar mi pasado, pero gracias a Dios y a ese pasado, conoci al Dios que me ve, y le agradezco su infinito amor y misericordia, por todos nosotros, nuevamente gracias por compartir su testimonio, Dios le guarde y bendiga

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