Dec 4, 2019

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x Mandamiento

“No codiciarás la casa de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey ni su asno, ni ninguna otra cosa que pertenezca a tu prójimo”.
(Éx. 20,17).

“Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón”.
(Mt. 6-21).

No codiciarás los bienes ajenos

La advertencia de Dios se refiere a los deseos, no a las necesidades, sino a la envidia, a la codicia por la posesión, cuyas consecuencias son la infelicidad, el odio, la mala hierba del egoismo y la soberbia. Todo lo que nos aparta del Amor y de Dios.

Es importante saber apreciar lo que los demás tienen, porque nos hace humildes, estimula la colaboración y nos enseña a valorar cuanto Dios nos ha dado. La envidia es la puerta de la infelicidad, porque provoca el insano de tener lo de los demás. El coraje se dirige contra el destino y contra Dios. ¿Porqué no puedo tener más que los demás?. Parece una desgracia, incluso hasta una ofensa grave. La mente se obsesiona por los celos y no se conforma porque realmente no tenenmos tanto, así la semilla de la envidia nos quita el sueño. Olvidamos agradecer a Dios cuánto tenemos e ignoramos que un día le rendiremos cuenta. Recordemos que la envidia es un pecado capital, provocado por el deseo desmedido de bienes ajenos con la intención de apropiarse de ellos a cualquier precio: incluso, con violencia.

La envía destruye la paz, hace perder el respeto por los demás e impide la comuinión de bienes, destruyendo la armonia: nos hace avaros, cierra los ojos ante las necesidades del prójimo, crea litigios y odio.

El deseo es bueno y honesto cuando es fuente de progreso en la vida. Dios sólo nos recomienda no desear las cosas ajenas que nos hagan apropiárnoslas indebidamente: nos invita a no desear el mal que lleva al pecado y que arruina nuestra alma. Vigilemos con la razón y la voluntad cualquier deseo para que no se convierta en codicia.

No necesitamos apropiarnos de los bienes ajenos, porque las cosas materiales son sólo un medio para la vida, no el fin. El cuerpo está al servicio del alma y no al revés. Quién desea lo que no es suyo se deja atrapar por los afanes de la vida y se olvida de la pobreza como valor. La exhaltación de la riqueza y de la apareciencia desvían el corazón del hombre, así como la indiferencia y la soberbia, porque provocan sufrimiento y división.

“Mantenéos lejos de toda codicia porque, aunque uno nade en la abundancia, su vida no depende de sus bienes. y les dijo esta parábola: El campo de un hombre rico dio una gran cosecha. Él razonaba para sí: ¿Qué haré?, porque no tengo donde almacenar tanto grano. Dijo: haré ésto, demoleré mis graneros y construiré otros más grandes y almacenaré todo el grano y bienes.

Luego me diré a mí mismo: Alma mia, has almacenado bienes para muchos años: descansa, come, bebe y diviértete. Pero Dios le dijo: Necio, esta misma noche se te requerirá la vida. Todo lo que has almacenado, ¿para quién será?. Así sera para todo el que acumula tesoros para sí y no es rico para Dios”.
(Lc. 12,15-21).

Jesús nos amonesta: “No acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corroen y los ladrones socavan y roban; atesorad bienes en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corroen, ni los ladrones socavan y roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazon” (Mt 6,19-21); y San Pablo añade: “La avidez del dinero, en efecto, es la raíz de todos los males; pues por este deseo, algunos se han desviado de la fe y se han procurado muchos tormentos” (1Tm 6,10). En resumen: “¿Que ventaja tendrá el hombre si ganara el mundo entero, pero perdiera la propia vida?”.
(Mt. 16,26).

Ay de los avidos e injustos, que por codicia quitan el pan de la boca a los hermanos, cuando les es imprescincible para sus vidas. Llegará el día en que el Señor les pedirá cuentas. Sabemos que al Señor no le gusta la avidez ni la corrupción.

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https://digilander.libero.it/monast/comandamenti/spa/roba.htm


No hablarás contra tu prójimo falso testimonio (Éx. 20:16)
 

por Pedro Puigvert

Sermones sobre los Diez Mandamientos

El noveno mandamiento quizás incluye más cosas que las que nos pueden parecer al leerlo de una manera superficial.
Está relacionado directamente con las formas de hablar, con la falsedad, el testimonio en los tribunales y sobre todo con la mentira. Plantea cuestiones que muchas veces no nos formulamos en relación con el prójimo, el cual es mencionado explícitamente, cosa que no ocurre en los otros mandamientos que también tienen al prójimo como objetivo.
Fijaros que unas palabras, según cómo hayan sido dichas, pueden destruir a una persona, un hogar, un negocio o la reputación de alguien. Puede que la pluma sea más poderosa que la espada, pero la lengua es más fuerte que las dos. Agustín de Hipona, notable teólogo del siglo V, dijo que “ningún médico puede curar las heridas que inflige la lengua”.
Observamos que en los diez mandamientos, Dios primero nos señala la actitud que debemos tener hacia él, después hacia nuestros padres, el valor de la vida, la importancia del matrimonio, y sobre las posesiones. Ahora llama nuestra atención acerca del uso de la lengua (Stg. 3:5-6) y nos advierte de manera poderosa sobre su manejo. Analicemos el mandamiento por partes:
    1. La mentira
      El noveno mandamiento es la forma que tiene Dios de dirigir nuestros pensamientos hacia lo que hablamos y cómo hablamos, y no sólo en relación con el prójimo, sino de todo lo que decimos.
      El mandamiento incluye la prohibición de mentir. Una de las características que manifiesta la nueva vida en Cristo es que la persona regenerada ya no miente (Col. 3:8-9). Seguramente, antes de su conversión había vivido una vida de mentiras, pero ahora ha dejado las viejas prácticas atrás al ponerse en manos de Cristo.
      Es realmente lamentable que en la sociedad en que vivimos, la mentira se haya convertido en un estilo de vida; muchas personas están tan acostumbradas a mentir que engañan incluso cuando no tienen necesidad. Es como una enfermedad crónica. Muchas relaciones humanas se basan en el arte de la mentira hasta el punto de ufanarse por haber enredado al prójimo mintiéndole.

      Una mentira nos libra de una invitación indeseada, de hablar con otra persona si no tenemos ganas, de asistir al trabajo un día. Puede ayudarnos a hacer un buen negocio, pero destruirá la confianza a la larga. Se ha descrito la política como el arte de mentir. Muchos matrimonios acaban en divorcio porque la palabra de los cónyuges ya no tiene ningún valor. La aplicación de este mandamiento se amplía en Éx. 23:1-3. La discriminación positiva no tiene cabida en las pautas dadas por Dios y es otra forma de quebrantar el noveno mandamiento.

      La mentira se define, según la psicóloga Lourdes Palacio, “como el comportamiento de alguien que, aunque está en condiciones físicas o psíquicas de decir una verdad, escoge intencionadamente engañar a alguien sin que el destinatario lo haya pedido”. Según los expertos la mentira es una práctica que se inicia a los cuatro años y se ejercita toda la vida por los más diversos motivos”. Al haber tanta proliferación de la mentira, nuestra sociedad necesita poner una serie de controles para verificar lo que decimos y ahí hace su aparición la burocracia.

      Todo tiene que estar justificado por un documento, ya sean facturas, recibos, permisos, contratos, declaraciones, etc. A veces, para un cristiano, lo que más de le cuesta abandonar de la vieja naturaleza es la mentira y aunque tiene la dicha de conocer la verdad, no siempre camina en la verdad, porque es posible hablar de la verdad y andar en la mentira. Mentir tiene raíces profundas y nos enfrentamos, no sólo a un pecado, sino contra nuestra vieja naturaleza entera atrapada en las redes de la mentira. Históricamente se han dividido las mentiras en tres categorías: maliciosa, jocosa y necesaria.
      Es otro tema apasionante que debemos dejar para otra ocasión ya que necesita una discusión muy amplia.

    2. El prójimo
      Este mandamiento enseña que no se puede ser testigo falso contra nuestro prójimo. Quizás haya una relación entre el noveno y el tercer mandamiento. Ambos involucran nombres y reputaciones; ambos implican testigos falsos. El tercero trata del ataque contra el nombre de Dios y el noveno contra el prójimo.
      Pero tenemos que preguntarnos, ¿Quién es mi prójimo? ¿Todo el mundo es mi prójimo?
      Para el judío, el prójimo era sobre todo el israelita y se le exigía que amara a sus enemigos, pero eso se refería al enemigo en su propio pueblo (Éx. 23:4-5). En el NT el círculo se amplía, por cuanto el prójimo se encuentra ante todo dentro del pueblo de Dios, la Iglesia (Ro. 15.2).
      El amor al prójimo es en primer lugar un amor por el hermano y todos debemos decir la verdad al prójimo porque somos miembros de un mismo cuerpo (Ef. 4:25). Pero el asunto no acaba aquí, ya que el Señor Jesucristo dio respuesta al intérprete de la ley que le hizo la pregunta “¿quién es mi prójimo?” con la parábola del buen samaritano (Lc. 10:25-37).

Así, pues, cualquiera que se cruza en mi camino es mi prójimo. por tanto, la aplicación de este mandamiento no se limita a nuestro círculo de miembros de la iglesia local, sino que debemos cumplir con la palabra dada, incluso con los enemigos.

  1. El falso testimonio
    Esta parte del mandamiento nos remite sobre todo a los asuntos judiciales o ante los tribunales. La palabra que se traduce como “falso testimonio” no sólo se refiere a falsear la verdad, sino a decir cosas que no valen nada, inútiles o infundadas.
    Por tanto, incluye otros tipos de testimonio que pueden perjudicar al prójimo fuera de un tribunal. Pero, en primer lugar debemos examinarlo en el marco de la práctica de la justicia en los tribunales del antiguo Israel. La jurisprudencia la ejercían los ancianos de una localidad, que constituían una especie de jurado (Rut 4:1-2).
    También había jueces profesionales (Dt. 16:18-20). No empleaban abogados ni los medios actuales, por tanto, el elemento más importante eran los testigos, los cuales tenían una influencia decisiva sobre la vida y la muerte: por el testimonio unánime de dos o tres testigos se podía condenar a muerte a un acusado (Dt.. 17:6, 19:15).

    Ante la gravedad de su papel podemos entender los motivos que tenía Dios para advertir con este mandamiento sobre el testimonio falso y de alguna manera salvaguardar el ejercicio de la justicia. Además, si los jueces descubrían a uno como testigo falso debía recibir el castigo que el acusado hubiera merecido (Dt. 19:16-19). El Señor prohibió matar, adulterar y robar en los mandamientos anteriores a éste, pero para conseguirlo de modo que puedan salvaguardar la vida, el matrimonio y la propiedad se necesitan instituciones legales.
    El testigo falso era un gran peligro. Además de todo esto, la expresión “falso testimonio” indica que puede haber varias formas de falsedad. Oseas 4.2 menciona cinco pecados que recuerdan los diez mandamientos. El noveno busca proteger la reputación de la persona, la cual corría un riesgo especial en los tribunales de justicia. Hay varias formas de falsedad:

    1. Calumnias y murmuraciones .
      Se refiere a hablar frívolamente a espaldas de una persona.
    2. Juzgar precipitadamente (Mt. 7:1-3).
      Todo juicio irreflexivo se vuelve en contra del que lo pronuncia.
    3. La difamación .
      Es una mentira dicha con intención y normalmente va acompañada de la tergiversación de las palabras dichas por alguien.

Conclusión:
El Catecismo de Heidelberg resume este tema así: “En la corte y en todo lugar, debo amar la verdad, decirla y confesarla con sinceridad y hacer todo lo que pueda por defender y promover el honor y reputación del prójimo.

La lengua hace un daño incalculable, cuando está llena de veneno, pero se puede usar para practicar la sabiduría de lo alto (Stg. 3:1-7)”.

http://www.iglesiamistral.org/200520.htm


No hurtarás (Ex 20:15)

por Pedro Puigvert

Sermones sobre los Diez Mandamientos

No deberíamos tener muchos problemas para entender el octavo mandamiento. Hurtar es apropiarnos sin permiso algo que pertenece a otra persona. El Catecismo de Heildeberg, un compendio de doctrina reformada del año 1563, responde lo siguiente a la pregunta 110: ¿Qué prohíbe Dios en el octavo mandamiento? “Dios prohíbe no solamente el robo (1 Co. 6:10) y la rapiña (1 Co. 5:10, Is. 33:1) que castiga la autoridad, sino que llama también robo a todos los medios malos y engaños con los cuales tratamos de apoderarnos del bien de nuestro prójimo (Lc. 3:14, 1 Ts. 4:6), ya sea por la fuerza o por una apariencia de derecho, como son: el peso falso, la mala mercadería (Pr. 11:1, 16:11, Ez. 45:9-10, Dt. 25:13), la moneda falsa, la usura (Sal. 15:5, Lc. 6:35), o por cualquier otro medio prohibido por Dios. También prohíbe toda avaricia (1 Co. 6:10) y todo uso inútil de sus dones (Pr. 23:20-21, 21:20). Cada uno de estos aspectos está atestiguado por textos de ambos testamentos. Pero hay un texto especialmente significativo que se puede colocar en el marco de este mandamiento en que se menciona el castigo por quebrantarlo y que luego es retomado por el apóstol Pablo (Ex. 21:16, 1 Ti. 1:9-10).El asunto cobra un relieve especial porque es uno de los pecados más graves enquistados en muchos países y, por tanto, de actualidad. El análisis del octavo mandamiento nos lleva del “qué prohíbe Dios” al “ por qué es pecado robar” y al “¿podemos robar a Dios?”
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  1. Hurtar, viola la ley de Dios sobre la propiedad
    La primera norma que Dios dio al hombre está relacionada con la propiedad. Cuando puso a Adán en el huerto del Edén le mandó que “lo labrara y lo guardase” (Gn. 2:15-17). El verbo hebreo labrar sirve a la vez para cultivar, trabajar, servir y dar culto a Dios. ¿Qué sentido tiene si no había nadie más en el Edén? Esta pregunta ha tenido varias respuestas. Algunos piensan que tiene un significado ritual, es decir, debía guardar la santidad de una propiedad divina. Independientemente de su sentido, establece por primera vez el principio de la propiedad. Después, en el resto del AT, Dios enseña a su pueblo la diferencia entre poseer y robar. La ley de la propiedad reconoce que unos tienen más que otros, pero todo el mundo es propietario de algo. Este principio queda claro en Hch. 5:3-4, cuando Pedro recordó a Ananías que mientras retuviera la propiedad en su poder podía hacer con ella lo que quisiera. El pecado no consistió en que se guardara parte del dinero de la venta, sino que mintiera a Dios. Jesús, en algunas de las parábolas toma como referencia el derecho sobre la propiedad (Lc. 15). Si todo el mundo tiene alguna posesión y Dios reconoce este hecho, por muy pequeña que sea, apoderarse de ella a la fuerza o con engaño significa violar este derecho que Dios nos ha dado. Sin embargo, ciertas posesiones pueden haber sido obtenidas ilegalmente o inmoralmente. Si tenemos demasiadas las podemos convertir en nuestro dios, como fue probablemente el caso del joven que quería saber cómo alcanzar la vida eterna y no le gustó la respuesta de Jesús (Mr. 10:17-31). Aunque tener según qué posesiones no puede ser correcto, robar es siempre pecado.
  2. Hurtar, muestra un espíritu codicioso
    Hurtar es el deseo de conseguir algo a cambio de nada, aprovecharse del esfuerzo de otros sin coste alguno del ladrón, salvo si es sorprendido y detenido. Seguramente, el primer gran robo de la historia que narra la Biblia es el que tenemos relatado en Gn. 14:11-12. Cuatro reyes de Elam, Goim, Sinar y Elasar, hicieron guerra contra Sodoma y Gomorra y se apoderaron de todos sus bienes, de Lot sobrino de Abraham con todas sus posesiones y éste tuvo que ir a liberarlo para recuperar lo que le habían arrebatado. Los ladrones nunca están satisfechos con lo roban y siempre quieren obtener mayores ganancias. Es el espíritu codicioso del que nos habla Agur en Pr. 30:15-16 y por las comparaciones vemos que nunca a está satisfecho. Robar es pecado porque revela un espíritu codicioso que dice: “¡Dame! ¡Dame!”. El robo es la sanguijuela de la sociedad.
  3. Hurtar, genera violencia
    Las leyes humanas distinguen entre robo, robo con allanamiento (al penetrar en una casa) y robo con agravantes (con intimidación). El segundo tipo siempre conlleva un atentado a la propiedad y el tercero siempre va acompañado de la violencia. Santiago lo resume perfectamente (Stg. 4:1-2). En el robo de Sodoma y Gomorra que hemos mencionado más arriba, pudimos comprobar que fue acompañado de la violencia, tanto en la acción como en la reacción. Todas las guerras son causa de la codicia, ya sea de poder, posesiones o principios; codiciamos algo y estamos dispuestos a pelear por ello. Y en ocasiones, lamentablemente, estos síntomas también aparecen en la Iglesia cuando alguno codicia algo y está dispuesto a cualquier cosa para conseguirlo. También comprobamos como la mayoría de ladrones van armados y están dispuestos a matar para apoderarse, en ocasiones, de alguna cosa insignificante. Una cosa lleva a la otra. Por otro lado, la respuesta al robo engendra igualmente violencia. La primera reacción de una persona a la que le han robado, suele ser: “¡Si los pillo no sé lo que les hago!”. Por eso las leyes humanas limitan la agresión del que defiende sus propiedades, tal como sucedía en el AT (Éx. 22:2-3) en que Dios tuvo que poner límite a la reacción violenta que el robo suscita
    .
  4. ¿Podemos robar a Dios?
    La pregunta del epígrafe fue formulada de manera retórica hace muchos siglos por el profeta Malaquías al pueblo de Israel (Mal. 3:8-9) para señalar las diferencias de la nación que había regresado del exilio y cómo se había acostumbrado a defraudar a Dios solamente unos cien años después de haberse establecido de nuevo en Jerusalén. El profeta centró su mensaje en cuatro cosas en que Israel había fallado:

    1. En los sacrificios .
      Buscaban los peores animales del rebaño para presentarlos como ofrenda a Dios (1:13).
    2. En sus vidas .
      No estaban viviendo como debería vivir el pueblo de Dios (2:11).
    3. Los dirigentes .
      No daban ejemplo adecuado al pueblo y estaban dispuestos a enseñar cualquier cosa que la gente quisiera oír (2:7-8):
    4. En sus ofrendas .
      No estaban trayendo los diezmos y ofrendas prescritos por la ley (3:9-10).

      A la luz de estos textos queda claro que no dar a Dios lo que le corresponde es “robarle” y eso significa quebrantar el octavo mandamiento. Quizás podemos ser muy escrupulosos en cumplir los siete mandamientos anteriores y, sin embargo, robar a Dios. No es éste el lugar para exponer ahora el cumplimiento de dar el diezmo como algo obligatorio para el creyente o simplemente indicativo; solamente quiero mencionar que los principios que deben prevalecer en la iglesia sobre la ofrenda son: sacrificada, alegre, voluntaria, espontánea, proporcionada, abundante, secreta, regular y confiada.

Conclusión: Seguramente, habría otros aspectos que podíamos haber tratado, como por ejemplo, si hay excepciones cuando es necesario robar o morir, los negocios fraudulentos, falsear pesos y medidas, no pagar los impuestos al Estado, no pagar lo que debemos, cobrar más de lo que vale a sabiendas, secuestrar a personas, que es robar la libertad, o la injusticia social. Nuestra intención ha sido centrarnos en las causas más que en los efectos .

http://www.iglesiamistral.org/200519.htm

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Decálogo

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V Mandamiento

“No matarás”.
(Ex 20,13).

2).

“Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será reo ante el tribunal”.
(Mt 5,21-2

No matarás

La vida es el don más precioso que el Señor ha dado al hombre. El confió se la confió como un capital para invertir, para producir frutos de vida eterna (Mt 25,14-30). La vida tiene un valor inmenso que sólo el hombre posee en la tierra; no la poseen ni siquiera los ángeles celestiales, porque no tienen cuerpos. A través del tiempo de la prueba el hombre tiene la oportunidad de ganar la eternidad de la gloria.

La radicalidad de este mandamiento está íntimamente relacionada con el tema de la unión del amor, la relación de amor, la relación entre Dios y la humanidad, entre cada persona y su prójimo y, de todos modos, con todos los seres humanos, es una revelación, en Jesús, la realidad más profunda de Dios mismo, la comunión eterna del amor del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Ya en el Antiguo Testamento estaba prohibida la venganza, o devolver mal por mal: “No te vengarás, ni guardaras rencor a los hijos de tu pueblo” (Dt 19:18), aunque “vengar los derechos pisoteados y restaurar la justicia” era un deber. Dentro de Israel la vida humana estaba protegida contra la ley de la venganza ciega ilimitada, capaz de destruir familias y clanes, hasta llegar a amenazar de esta manera la existencia del Pueblo de Dios. Y los profetas, en su predicación extenderán, en un sentido positivo, la prohibición de matar, afirmando que es la obligación de contribuir positivamente a mantener la vida de su vecino.

Jesús quiere erradicar la raíz del asesinato: “Oísteis que fue dicho a los antiguos:.. No matarás, porque cualquiera que mate será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será reo ante el tribunal, el que dice a su hermano, estúpido, será responsable ante el consejo. ¿Quién le dice tonto, será culpado con el fuego del infierno”. (Mt 5.21 a 22). Con esta declaración de Jesús, el mandamiento “No matarás” se convierte en ilimitado y cubre todas las relaciones humanas. Incluso la ira hacia el hermano es equivalente a asesinar porque es como decir “tu presencia me molesta, sal de mi vista, quiero verte muerto.”.

Por tanto, es necesario arrancar desde dentro de sí mismo todo lo que de una manera u otra puede llevar al asesinato, como la ira, el odio, el deseo de venganza, la explotación. Pero no sólo matar el cuerpo sino que también mata con la murmuración, por ejemplo cuando se rompe la estimación de una persona y arruinar su buen nombre. También mata con la calumnia, el odio, la envidia, la burla, el desprecio, el engaño, la ofensa, la convicción, el perjurio, la crítica, la burla, el desprecio, la venganza, el orgullo, la malicia, la traición. En otras palabras, lo que realmente significa el mandamiento “No matarás” es que cualquier sentimiento que lleve a insultar a tu hermano debe ser sacado del interior del corazón. Es decir, llegar a la perfección del amor.

La vida humana es sagrada, ya que viene de Dios y pertenece a Él, es el regalo más grande que Dios ha dado al hombre, y la muerte es una falta de amor a Dios. Por lo tanto, no mataras, no debe considerarse sólo como un gesto activo, como tomar la vida, sino con todo lo que se opone a la vida, como cualquier tipo de asesinato, genocidio, la eutanasia y el mismo suicidio voluntario, en fin todo lo que va en contra de la integridad de la persona humana y todo lo que ofende dignidad personal.

El mandamiento de no matar está escrito, así como en tablas de piedra, incluso en los corazones de los hombres, pero el hecho es que el corazón humano es algo terrible sucedió y da miedo, porque la historia humana es una secuencia infinita de muertes físicas, moral, espiritual. El hecho es que, alterar el equilibrio con Dios, rechazar su paternidad, en el corazón del hombre ha hecho estallar la violencia. Dios le dijo a Caín, y dice a cada uno de nosotros: “el pecado está a la puerta; forma parte del instinto, pero hay que dominarlo.”.
(Gn 4,7).

Dios nos va a pedir cuentas por las vidas de otros: “Y seguramente no solo la sangre, de sus vidas demandaré, sino que exigiré una rendición de cuentas de todo ser viviente, y yo demandaré la vida del hombre por el hombre, en lo que respecta a su hermano”. (Gén 9,5).
El verdadero cumplimiento del quinto mandamiento, requiere un compromiso firme y decidido a favor de la vida contra todas las formas de violencia, la injusticia, la explotación, la marginación y el sufrimiento causados ya sea por asesinato físico, psicológico y moral. “Oísteis que se dijo a los antiguos, no mataras, porque cualquiera que mate será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será reo ante el tribunal.”.
(Mt 5,21-22).

La existencia es el primer bien, fundamento de todos los demás bienes, está claro que quitarse la existencia matándose a sí mismo, se ve como un acto del todo, inhumano e irracional. Bien se advierte el estado común de terror de la conciencia instintiva cuando se trata de suicidio. El suicidio es una lesión grave contra la caridad hacia uno mismo, ya que, no sólo en todos los hombres, sino en cada ser el primer instinto, más radical y profundo, debe ser evitado. El suicidio es un pecado grave, tan grave como matar porque atenta contra de la vida, y es una ofensa a Dios porque sólo Él tiene el derecho exclusivo ante toda vida. El suicidio es un acto de desesperación ante la duda de la ayuda del Padre, por lo tanto, no se tiene fe y no se cree que Dios pueda venir a su rescate. Los problemas y dificultades, a veces oprimen y abruman a la persona que empuja la angustia y la esperanza sólo puede albergar hasta la oscuridad de la presente. La esperanza, entonces, si no está enraizada en la fe en Dios está destinado a sucumbir antes y después la ansiedad puede llegar a ser insoportable y el miedo puede hacer el resto, y empuja a la criatura hacia el abismo de la nada.

La eutanasia es un crimen oculto bajo la apariencia de piedad, justificado en su deseo de poner fin al sufrimiento de un ser destinado a morir. El hombre en este caso asume el derecho de decidir anular una vida sin conocer el final de tanto sufrimiento. Todo tiene un significado, aun cuando, a veces, no somos capaces de ver alrededor de la situación. Sin embargo, debemos reconocer que Dios es el creador y nunca abandona a sus criaturas, entonces debemos dejarle a Él el derecho de decidir por nuestro propio bien. La vista del sufrimiento en sí mismo no tiene ningún significado, de hecho, es una paradoja, pero, si canalizamos nuestro sufrimiento hacia el más alto bien, entonces podremos descubrir la razón.

También hay que considerar que se asesina el espíritu cuando se mata la propia alma o aquella del prójimo con el pecado mortal que extingue la gracia de Dios”. Pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, porque será culpable de pecado eterno”. (Marcos 3:29). “Si alguno ve a su hermano cometer un pecado que lo lleva a la muerte, deberá rezar, y Dios le dará vida”; se refiere a los que cometen pecado que no lleva a la muerte, pero si comete un pecado que lleva a la muerte;. De estos digo no orar”.
(1 Jn 5,16).

Ni la razón ni la religión pueden justificar a los que exponen su vida por razones triviales, o al menos no lo suficientemente graves como para la diversión, para el deporte, para la ambición, con fines de lucro. Por otra parte, incluso la conciencia de la sociedad se distingue por la audacia de la temeridad y la audacia de la imprudencia.

https://digilander.libero.it/monast/comandamenti/spa/uccidere.htm


Sexto mandamiento: no matarás

Dios registró el sexto mandamiento en Éxodo 20:13: “No matarás”. Dios valora la vida enormemente y quiere que nosotros también la valoremos.

Dios es el dador de la vida. Él sopló dentro del primer hombre el aliento de vida (Génesis 2:7), y su plan es darle a cada ser humano una oportunidad de vida verdadera—vida eterna como sus hijos e hijas en su Reino. Jesucristo dijo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Él desea que todos se arrepientan y reciban salvación (1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9). Esta vida física es el campo de entrenamiento para esa vida futura.

Dios valora la vida enormemente. Él nos dice que escojamos la vida: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Deuteronomio 30:19).

Dios mostró el valor de la vida humana al requerir la pena capital por el homicidio de otra persona (Éxodo 21:12, 14). Desde luego, cuando alguien mataba accidentalmente a otro ser humano, el castigo era diferente (Éxodo 21:13; Números 35:11).

La intención espiritual del sexto mandamiento

Jesucristo detalló el sexto mandamiento para enfatizar su intento espiritual. Él nos dijo que no nos debemos enojar sin causa ni debemos permitir que el enojo nos lleve a violentarnos contra otra persona o abusemos de ella verbalmente:

“Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpado de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio [que significa “cabeza hueca”], a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego” (Mateo 5:21-22).

Hay un enojo justo (Dios se enoja contra el pecado, como muestra Hebreos 3:17), pero debe ser controlado, tal como Dios lo hace con paciencia y misericordia. Joel 2:13 nos muestra esto, y nos alienta a apelar a la misericordia de Dios: “Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos al Eterno vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo”.

El odio es homicidio

La Biblia muestra que el odio es una actitud homicida. El apóstol Juan escribió: “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él” (1 Juan 3:15).

La Biblia también muestra los peligros de nuestras palabras y que nosotros podemos cometer homicidio con nuestras lenguas (Proverbios 18:21). “Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal” (Santiago 3:5-8).

Debemos reemplazar el odio—la actitud de homicidio—con amor, y mostrarlo con hechos: “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. … Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (1 Juan 3:14, 17-18).

No debemos odiar ni a un enemigo, sino amar, bendecir, hacer bien y orar por ellos. Como Jesucristo enseñó en el Sermón del Monte: “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:43-45).

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Primer Mandamiento: no tendrás dioses ajenos

El primer mandamiento está registrado en Éxodo 20:3: “No tendrás dioses ajenos delante de Mí”. Nos dice que pongamos a Dios en primer lugar.

Dios empezó los 10 mandamientos de esta manera: “Yo soy el Eterno tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:2-3).

El Primer Mandamiento establece la pauta para los primeros cuatro mandamientos, los cuales pueden resumirse como: “Amarás al Eterno tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6:5). Jesucristo llamó a este resumen el gran mandamiento (Mateo 22:37-38).

El ejemplo de Jesús

Jesús dio el ejemplo de cómo poner a Dios en primer lugar. Aun después de ayunar durante 40 días, Él respondió a la tentación de Satanás diciendo: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). Vivir por cada palabra de Dios involucra el compromiso de siempre escuchar lo que Dios nos enseña en la Biblia y no apoyarnos en nuestra propia prudencia” (Proverbios 3:5-6).

Al enfrentar las tentaciones de Satanás, Jesús también citó, “Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Mateo 4:10). Él ahondó en este concepto cuando señaló que no podemos servir a Dios y servir al dios del materialismo (Mateo 6:24). Él dijo que nuestro enfoque y prioridad debe ser “buscar primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33).

La grandeza de Dios y nuestra respuesta

El primer mandamiento nos recuerda que debemos enfocarnos en el sorprendente poder y majestad de nuestro Creador Dios. Él exhibió su poder cuando exclamó con voz de trueno estos mandamientos desde el Monte Sinaí:

“Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos” (Éxodo 20:18).

El respeto y temor del poder de Dios no es una cosa mala. Moisés le dijo al pueblo el resultado que nuestro amoroso Creador quería: “Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; porque para probaros vino Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis” (Éxodo 20:20).

El sabio Rey Salomón explicó: “El principio de la sabiduría es el temor del Eterno; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza” (Proverbios 1:7).

Y Jesucristo les dio la perspectiva correcta a sus discípulos: “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28). Los humanos tendemos a temer a otras personas que podemos ver y nos olvidamos de temer al Dios Todopoderoso al cual no podemos ver.

El temor correcto de Dios no es terror o angustia, sino reverencia y profundo respeto que reconoce el poder de Dios todopoderoso y pone a Dios en primer lugar.Cristo prosiguió esta enseñanza del sorprendente propósito de Dios y de su amor por nosotros. El Dios que está pendiente de cada pajarillo que cae y conoce el número de cabellos que tenemos en nuestra cabeza, dice a sus fieles seguidores: “Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos” (Mateo 10:31).

El temor correcto de Dios no es terror o angustia, sino reverencia y profundo respeto que reconoce el poder de Dios todopoderoso y pone a Dios en primer lugar. Este respeto positivo debe crecer en profunda apreciación del amor de Dios y de sus leyes y camino de vida. Nosotros debemos crecer de tal manera que nuestra obediencia a Dios no sea por temor sino que sea por amor (1 Juan 4:18; 5:3).

Cómo quebrantamos el primer mandamiento al no poner a Dios en primer lugar

Existen muchos peligros y tentaciones que pueden conducirnos a desobedecer el primer mandamiento. Este mandamiento no es sólo acerca de dioses y religiones falsas. Cualquier cosa a la cual demos mayor prioridad que al Dios verdadero es causa de que pequemos.

El orgullo, que es una falla común humana, quebranta este mandamiento al ponerse uno mismo por encima de Dios. Como escribió Santiago: “Pero Él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y Él se acercará vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y Él os exaltará” (Santiago 4:6-10).

Necesitamos buscar la ayuda de Dios para ver las cosas desde la perspectiva de Dios—para salirnos de nuestra perspectiva egoísta.

La Biblia también advierte sobre las fallas comunes humanas del olvido y descuido (Deuteronomio 8:11-19). Tanto los buenos tiempos como lo malos tiempos pueden poner a prueba nuestro compromiso de poner a Dios en primer lugar. Cómo respondemos a las pruebas le muestra a Dios si lo ponemos siempre en primer lugar.

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  1. PuertoMadero says:

    SI LOS SERES HUMANOS RESPETARAN ESTOS MANDAMIENTOS MUCHAS COSAS SERIAN DIFERENTES ,VIVIMOS EN UN MUNDO EGOISTA TRAICIONERO EN EL CUAL NECESITAS VIVIR APARTADO PORQUE LA AMISTAD CON EL MUNDO ES ENEMISTAD CONTRA DIOS, ESO ES ASI LAMENTABLEMENTE SI NO OBEDECEMOS TENDREMOS CONSECUENCIAS , ESTA TODO CONTAMINADO COMO DICE LA PALABRA SE CUMPLE HASTA EL FINAL DE LOS TIEMPOS DIOS NOS GUARDE NOS AYUDE Y PAGUE CONFORME A LA OBRAS DE LOS QUE NOS HACEN MAL,DIOS EL MEJOR JUEZ Y ABOGADO, Y AUNQUE NOS DUELA EL CORAZON DEBEMOS ALEJARNOS DE ESTAS PERSONAS, TRISTE PERO REAL.

    2 Timoteo 3:2-4 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

    2 Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos,

    3 sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno,

    4 traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios,

  2. Ante todo mi amada hermana tengo que hacerle una pregunta, que version o sea que traduccio y ano de la misma usa?

    Le explico porque pregunto, usted en Exodo 20:17 habla de esclavos, cosa que me llamo la antecion, por lo cual fui a mi vieja biblia de papel reina valera 1960, al no encontrar dicha palabra sino la palabra criado y siervo, fui a la version 1909 tambien muy usada por muchas iglesias, mas igual no encontre dicha palabra esclavo, pensando que seria mas facil encontrarla en unas de las traducciones mas viejas y en la epoca donde si habia esclavo busque en internt la version reina valera 1569, y nuevamente encontre lo mismo salvo que en esta traducion el dia de reposo, figura como en los originales o sea sabado, demostrando que el verdadero dia de adorar y reposo es el sabado y no el domingo como nos quieren hacer creer, mas mi pregunta es con que traduccion y version tomo Exodo 20:17?

    Demas esta de decir que todo lo que posteo no se aparta un tilde de la verdad, pues si nos enmarcasemos en todos los 10 mandamientos el mundo seria casi un paraiso, sin olvidar que el mismo Jesus dijo YO NO VENGO A DEROGAR LA LEY sino a cumplirla, pues un mundo sin ley seria un mundo sin norte sin metas no sabriamos como manejarnos, mas el mismo Mesias, y pongo dicha palabra por si algun judio mesianico o no la lee dijo UN NUEVO MANDAMIENTO OS DOY, QUE OS AMEIS LOS UNOS A LOS OTROS COMO YO LOS HE AMADO….. JUAN 13:34-35.

    Sin ley no hay normativa a cumplir, por lo cual El nos dejo dicha ley, mas si bien hoy vivimos ya no bajo la ley sino bajo la gracia, pues la ley al ser casi imposible de cumplir en todos sus aspectos demuetra que solo El, el Cristo con su sangre, con su gracia no puede salvar, dicha ley no deja de estar vijente plenamente, ya no para salvacion como era en el antiguo pacto, sino tomada en el nuevo pacto entre Cristo el MESIAS y nosotros simple pecadores,como normativa de vida.

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