Apr 5, 2020

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NOTICIAS :Aporte de Hna. Malena

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El PCCh utiliza el coronavirus como un pretexto para atrapar a los creyentes

Aprovechando las medidas de control tendientes a evitar la propagación del virus, las autoridades de China rastrean a los miembros de la Iglesia de Dios Todopoderoso y de otros grupos prohibidos.

por Yang Xiangwen

Los expertos afirman que el uso excesivo de tecnología por parte del Gobierno chino para monitorear a sus ciudadanos ha aumentado aún más durante la epidemia de coronavirus, lo cual indica que el Partido Comunista Chino (PCCh) lo está utilizando como un pretexto para acelerar la recopilación masiva de datos personales a través de reconocimiento facial y otros medios en nombre de la preservación de la salud pública. Los miembros de los grupos religiosos prohibidos se encuentran entre los principales objetivos.

Según la información recibida por Bitter Winter, durante la propagación del virus, el PCCh no dejó de arrestar a miembros de la Iglesia de Dios Todopoderoso, el cual es el grupo religioso más perseguido en China. Desde el mes de enero se ha detenido a por lo menos 100 miembros de la Iglesia en las provincias de Sichuan, Fujian y Shandong.

Como se mencionó en un reporte de 2018 elaborado por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos: “Durante el período 2014-2018, la vigilancia, el arresto y la persecución llevados a cabo por el Partido Comunista Chino causaron que al menos 500 000 cristianos de la Iglesia de Dios Todopoderoso (IDT) huyeran de sus hogares y que varios cientos de miles de familias se destruyeran”.

En las entradas de las comunidades residenciales y de los hospitales de la ciudad de Zibo de Shandong se han establecido puestos de control para escanear los códigos de salud de los residentes.
En las entradas de las comunidades residenciales y de los hospitales de la ciudad de Zibo de Shandong se han establecido puestos de control para escanear los códigos de salud de los residentes. (Tomado de Internet)

«Me escondo debajo de una cama cada vez que los funcionarios vienen a inspeccionar la casa», le dijo a Bitter Winter, con impotencia, una miembro de la IDT en fuga. La misma se encuentra en la lista de personas buscadas del Gobierno, compilada en el marco de la campaña nacional «tendiente a erradicar el crimen de pandillas y eliminar el mal«, y las autoridades están ofreciendo recompensas de 5000 a 10 000 yuanes (alrededor de 700 a 1400 dólares) por brindar información sobre su paradero.

Obligados a abandonar sus hogares para poder escapar de la persecución, numerosos creyentes de grupos designados como xie jiao buscan refugio en apartamentos alquilados alejados de sus antiguos lugares de residencia. Debido a que las medidas de vigilancia y recopilación de información se han ido intensificando durante los últimos meses, la ya difícil situación de estos creyentes en fuga se ha vuelto aún más complicada y peligrosa. A fin de garantizar el cumplimiento de la orden de permanencia en los hogares durante la propagación del virus, el Gobierno envió un gran cantidad de empleados para que investigaran a los inquilinos de cada vivienda, incrementando así la probabilidad de que los miembros de grupos prohibidos sean encontrados y arrestados.

Los agentes de policía de un puesto de control situado en la estación ferroviaria este de Hangzhou les dan instrucciones a los pasajeros para que utilicen sus teléfonos móviles para escanear los códigos de salud.
Los agentes de policía de un puesto de control situado en la estación ferroviaria este de Hangzhou les dan instrucciones a los pasajeros para que utilicen sus teléfonos móviles para escanear los códigos de salud. (Tomado de Internet)

Un empleado gubernamental procedente de la provincia de Shandong reveló que, a principios de febrero, sus superiores le habían ordenado investigar a los inquilinos no locales de su comunidad residencial, prestando especial atención a los creyentes de grupos religiosos prohibidos tales como la IDT y Falun Gong.

El hogar de un miembro de la IDT emplazado en la provincia norteña de Hebei fue inspeccionado por un grupo de prevención de epidemias compuesto por representantes de la comunidad local, personal médico y policías. El mismo fue identificado como miembro de un xie jiao y, debido a ello, fue arrestado, interrogado y torturado. Uno de los oficiales golpeó su rostro con un calendario de escritorio luego de cubrirle la boca con una bolsa de plástico, mientras que otro le pisaba un pie y golpeaba sus pantorrillas con una barra de hierro, hiriéndolas gravemente. Los oficiales también lo obligaron a sostener un bastón eléctrico en sus manos.

Según un miembro de un grupo de prevención de epidemias, el Gobierno de su localidad impuso una multa de 5000 yuanes (alrededor de 700 dólares) para los arrendadores que se descubra que alquilan sus propiedades o aceptan inquilinos sin autorización. Quien proporcione información sobre tales casos será recompensado con 2000 yuanes (alrededor de 280 dólares).

En el mes de febrero, al día siguiente de haberse mudado, tres miembros del personal comunitario de la provincia norteña de Shanxi se presentaron en la vivienda donde vivía una miembro de la IDT en fuga para inspeccionarla. Por temor a ser arrestada, la misma no proporcionó su información de identificación y el personal la denunció ante la estación de policía local por considerarla «una persona sospechosa».

En la estación ferroviaria este de Hangzhou, a los pasajeros se les exige mostrar sus tarjetas de identificación y los códigos de salud.
En la estación ferroviaria este de Hangzhou, a los pasajeros se les exige mostrar sus tarjetas de identificación y los códigos de salud. (Tomado de Internet)

En medio de la epidemia, las personas que ingresan y salen de comunidades, centros comerciales, oficinas y otros lugares públicos de China deben escanear un código sanitario en sus teléfonos móviles o rellenar formularios de información personal. Las farmacias y tiendas les exigen a sus clientes el registro del nombre real cada vez compran medicamentos o suministros diarios. Estas medidas de vigilancia se suman a los desafíos que enfrentan los creyentes de la IDT en fuga.

En la ciudad de Sanya de la provincia de Hainan, un miembro del personal comunitario, acompañado por un oficial de policía, va de puerta en puerta para verificar la información de identificación de los residentes.
En la ciudad de Sanya de la provincia de Hainan, un miembro del personal comunitario, acompañado por un oficial de policía, va de puerta en puerta para verificar la información de identificación de los residentes. (Tomado de Internet)

Una creyente de la IDT relató que fue a una farmacia para obtener medicamentos para aliviar el dolor de garganta, la tos y la diarrea que había comenzado a experimentar, y para poder comprarlos tuvo que registrar su nombre, edad y número de teléfono móvil.

Otra miembro de la IDT procedente de la ciudad de Jinzhong de Shanxi le dijo a Bitter Winter que el 14 de febrero, el empleado de una panadería la detuvo en la puerta de la misma y le exigió que registrara su nombre, número de tarjeta de identificación, número de teléfono móvil y domicilio antes de ingresar al establecimiento. «Esta es una orden procedente del Gobierno y nadie está exento de su cumplimiento», le explicó el empleado.

https://es.bitterwinter.org/el-pcch-utiliza-el-coronavirus-como-un-pretexto-para-atrapar-a-los-creyentes/

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En los últimos dos meses, los ciudadanos chinos han tenido que adaptarse a un nuevo nivel de intromisión gubernamental. Para entrar a tu complejo residencial o a tu lugar de trabajo ahora hace falta escanear un código QR y dejar por escrito tu nombre, tu número de DNI, tu temperatura y tus últimos viajes.

Los operadores de telefonía están rastreando los desplazamientos de la gente y redes sociales como WeChat y Weibo han abierto líneas directas para reportar sobre otros posibles enfermos. En algunas ciudades incluso se recompensa al que denuncia a un vecino enfermo.

A la vez hay empresas chinas desplegando tecnologías de reconocimiento facial capaces de distinguir entre la multitud a los que tienen fiebre o a los que no llevan la mascarilla. Hay varias aplicaciones que, a partir de los datos sanitarios de cada ciudadano, alertan al resto cuando se les acerca alguien infectado o alguien que ha estado en estrecho contacto con un infectado.

Además de cerrar ciudades enteras, las autoridades estatales han implementado un sinfín de medidas de seguridad para contener el brote del coronavirus. Todos los que tienen que hacer cumplir las normas, desde los altos cargos hasta los empleados municipales, repiten el mismo estribillo: estamos en un “momento extraordinario” (feichang shiqi) que requiere medidas extraordinarias.

Tras infectar a más de 80.000 personas y provocar la muerte de unas 3.000, el número de nuevas infecciones por coronavirus en China ya está en descenso, pero los ciudadanos y los analistas se preguntan cuántas de estas medidas extraordinarias van a pasar a ser ordinarias.

“No sé qué pasará cuando termine la epidemia, ni me atrevo a pensarlo”, dice Chen Weiyu, de 23 años. Empleada en Shanghai, tiene que entregar diariamente una revisión médica a su empresa. Para poder pasar al parque de la oficina tiene que escanear un código QR y registrarse: “El control ya estaba por todas partes, la epidemia acaba de hacer transparente esa vigilancia, que en tiempos normales no vemos”.

Otros, como el activista de Guangzhou Wang Aizhong, son más categóricos sobre el futuro. “No hay duda de que esta epidemia ha dado más razones al Gobierno para vigilar a la gente, no creo que las autoridades descarten mantener este nivel de vigilancia tras el brote”, dice. “Podemos sentir un par de ojos mirándonos todo el rato en cuanto salimos o nos quedamos en un hotel, estamos completamente expuestos a la vigilancia gubernamental”.

Según los expertos, el virus surgido en diciembre en Wuhan ha proporcionado a las autoridades la excusa perfecta para acelerar la recopilación masiva de datos personales y rastrear a los ciudadanos, una perspectiva peligrosa teniendo en cuenta la falta de leyes estrictas sobre el uso de los datos personales.

La misión tiene el objetivo de trepar lentamente para quedarse, sostiene la investigadora principal de China para Human Rights Watch, Maya Wang. En su opinión, lo más probable es que usen al virus como un catalizador para aumentar el régimen de vigilancia masiva, igual que los Juegos Olímpicos de 2008 en Beijing o que la Expo de Shanghai en 2010: “Tras estos eventos, las técnicas de vigilancia masiva se hicieron más permanentes”.

“Con el brote del coronavirus, enseguida se hicieron realidad la restricción a la libertad de movimientos y la puntuación del riesgo de cada uno”, dice Wang. “Con el tiempo cada vez vemos un uso de la tecnología más intrusivo y menos capacidad de los ciudadanos para resistirlo”.

“La vigilancia intrusiva ya es la nueva norma”

Para mucha gente en China, los nuevos niveles de vigilancia pública son obstáculos burocráticos extra, más frustrantes que siniestros, y una demostración de la incapacidad del Gobierno en la gestión del brote. Aunque los altos cargos hablen de ella con orgullo, el sistema de vigilancia de China está lleno de lagunas. Hubo muchas críticas por el caso de una ex paciente infectada que logró viajar de Wuhan a Beijing en febrero, mucho después de que la cuarentena entrara en vigor.

En la mira de los ciudadanos está la aplicación ‘Código de Salud’, de Alipay. Utilizada en más de 100 ciudades, la app distingue a los individuos con uno de tres colores en función de sus últimos viajes, del tiempo pasado en los focos de contagio y de la cercanía a posibles portadores del virus. Dentro de poco se van a introducir en el programa los números del DNI para permitir a cada persona comprobar el color de los demás.

Un internauta se quejaba en la red social Weibo de que su color había pasado de verde a amarillo (que obliga a cuarentena) solo por conducir a través de Hubei, sin parar. “Ni siquiera puedo salir a comprar pan o agua”, decía otro en la provincia de Jiangsu, después de que su código pasara inexplicablemente a amarillo tras un viaje de trabajo.

Muchos se quejan de que la aplicación es sólo “para la galería” (xingshi zhuyi), una forma de que los funcionarios de menor nivel impresionen a sus superiores imponiendo restricciones a los ciudadanos. “Tengo un código de salud, un pase para mi complejo residencial y otro certificado de salud y aún así no puedo entrar en mi casa”, escribió alguien en el apartado de comentarios. “Esto es una estupidez, por favor, déjennos movernos”, puso otro.

Entre las medidas hay soluciones de tecnología avanzada y otras más comunes. En los espacios públicos se ha desplegado un ejército de empleados públicos para vigilar los puntos de entrada, exigir a los peatones que anoten sus datos o interrogar a la gente sobre sus últimos desplazamientos. Se han cerrado los lugares de culto, como las mezquitas, y en muchas ciudades y regiones se han prohibido las reuniones y hasta las cenas de pocas personas.

En febrero, empleados públicos de la provincia de Sichuan disolvieron un grupo de 10 personas que se había reunido en una fiesta para jugar al mahjong y les obligaron a leer en voz alta una disculpa que grabaron en vídeo. “Nos equivocamos, prometemos que no habrá una próxima vez y también vigilaremos a los demás”, se los escucha decir en el vídeo, con las cabezas ligeramente inclinadas.

En otros vídeos publicados en Internet se ha visto a funcionarios locales atando a un hombre a un poste o tirando a la gente al suelo por no llevar la mascarilla. Hace poco despidieron a los policías de Wuhan que fueron grabados golpeando a un hombre por vender verduras en la calle.

La agencia oficial de noticias Xinhua recordó la semana pasada a los ciudadanos que quienes violen las medidas de prevención y control pueden ser condenados a entre tres y siete años de prisión, si es un caso especialmente grave, de acuerdo con lo estipulado por el código penal chino.

“La vigilancia intrusiva ya es la ‘nueva normalidad'”, cuenta Stuart Hargreaves, que en la Facultad de Derecho de la Universidad China de Hong Kong se especializa en leyes de privacidad y de información. “La pregunta para China es saber, si es que existe, cuál es el nivel de vigilancia que la población se niega a tolerar”, añade.

Algunos temen que, en parte, las medidas continúen porque los ciudadanos se acostumbren a ellas. Desde Chengdu, Alex Zhang, de 28 años, lo relaciona con la teoría sobre el estado de excepción del filósofo italiano Giorgio Agamben, que escribió sobre la continuación de medidas tomadas durante emergencias.

“Este tipo de gestión y de pensamiento para enfrentarse al brote también puede usarse en otros ámbitos, como en los medios de comunicación, en el periodismo ciudadano o en los conflictos étnicos”, dice Zhang. “Los ciudadanos aceptarán el método porque ya ha sido usado, se convertirá en lo normal”.

Traducido por Francisco de Zárate

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https://www.eldiario.es/theguardian/vigilancia-ciudadanos-China-colateral-coronavirus_0_1004050368.html

 

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