Dec 18, 2012

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(Cap. 19) La tarea principal de la Iglesia.

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Es obvio que Dios se está moviendo con poder entre los creyentes nativos. Estos son los maravillosos días finales de la his­toria cristiana. Ahora es tiempo de que toda la familia de Dios se una y comparta unos con otros como lo hacía la iglesia del Nue­vo Testamento, las iglesias más ricas dándoles a las más pobres.

El cuerpo de Cristo en Asia está mirando a los cristianos en otras tierras para unir esfuerzos en este tiempo de cosecha y para apoyar la obra con las bendiciones materiales que Dios les ha mostrado. Con el amor y el apoyo de los creyentes en todo el mundo, podemos ayudar a los evangelistas nativos y sus familias a avanzar y completar la tarea de la evangelización del mundo en este siglo.

Cuando me siento en las plataformas y me paro en los púlpitos por todas partes de Norteamérica, Europa, Australia, Nueva Zelanda y Corea, hablo en nombre de los hermanos nativos. Dios me ha llamado para ser siervo de los hermanos necesitados que no pueden defenderse.

Mientras espero para hablar, miro las congregaciones, y frecuentemente oro por algunos de los misioneros por sus nom­bres. Usualmente oro de esta forma: “Señor Jesús, estoy a punto de pararme aquí esta noche en nombre de Thomas John y P.T. Steven. Espero representarlos fielmente. Ayúdanos a suplir sus necesidades a través de esta reunión”.

Por su puesto que los nombres de los misioneros cambian en cada ocasión. Pero creo que la voluntad de Dios no se lleva­rá a cabo en nuestra generación a menos que esta audiencia y muchas otras como esta respondan al clamor de los perdidos. Cada uno de nosotros debe seguir al Señor en el lugar al que lo ha llamado: el evangelista nativo en su tierra y los patrocina­dores en sus tierras. Algunos obedecen yendo. Otros obedecen apoyando. Aún si no puedes ir a Asia, puedes llevar a cabo la gran comisión ayudando a enviar a los hermanos nativos a los campos pioneros.

Esta y muchas otras verdades similares sobre las misiones ya no se entienden en el occidente. Se ha dejado de predicar y ense­ñar sobre las misiones en la mayoría de nuestras iglesias. El triste resultado se ve en todos lados. La mayoría de los creyentes ya no pueden definir qué es un misionero, qué es lo que hace o cuál es el trabajo de la iglesia en relación a la gran comisión.

El desinterés por las misiones es una señal certera de que la iglesia y las personas han dejado su primer amor. No hay nada más indicativo de la decadencia moral que los cristianos occi­dentales que han perdido su pasión por Cristo a cambio de un mundo perdido y en agonía.

Cuanto más pasan los años, más entiendo la razón verdadera por la que millones van al infierno sin escuchar el evangelio.

En realidad, este no es un problema de las misiones. Como dije antes, es un problema teológico, un problema de confusión e incredulidad. Muchas iglesias han disminuido tanto la ense­ñanza bíblica que los cristianos no pueden explicar por qué el Señor nos dejó aquí en la tierra.

Todos somos llamados con un propósito. Hace algunos años cuando estaba en el norte de la India, un niño de aproximada­mente unos ocho años de edad me observaba mientras yo pre­paraba mi meditación matutina. Comencé a hablarle de Jesús y le hice varias preguntas.

“¿Qué haces aquí? Le pregunté al muchacho.

“Voy a la escuela”, fue su respuesta.

“¿Por qué vas a la escuela?”

“Para estudiar”, dijo.

“¿Por qué estudias?”

“Para ser inteligente”.

“¿Por qué quieres ser inteligente?”

“Para obtener un buen empleo”.

“¿Por qué quieres obtener un buen empleo?”

“Para hacer mucho dinero”.

“¿Por qué quieres hacer mucho dinero?”

“Para comprar comida”.

“¿Por qué quieres comprar comida?”

“Para poder comer”.

“¿Por qué quieres comer?”

“Para vivir”.

“¿Por qué vives?”

En ese punto, el niño pensó un minuto, se rascó la cabeza, me miró a los ojos y dijo: “Señor, ¿por qué vivo?” Se detuvo pensativo por un momento y luego me respondió con tristeza: “¡Para morir!”

La pregunta es la misma para todos nosotros: ¿Por qué vives?

¿Cuál es el propósito básico de tu vida en este mundo, al proclamarte como discípulo del Señor Jesucristo? ¿Acumular bienes? ¿Fama? ¿Popularidad? ¿Complacer los deseos de la car­ne y la mente? ¿Y sobrevivir de alguna manera y, al final, morir y esperanzadamente ir al cielo?

No. El propósito de tu vida como creyente debe ser obedecer a Jesús cuando dijo: “Id por todo el mundo y predicar el evange­lio…” Esto es lo que Pablo hizo cuando bajó sus brazos y dijo: “Señor, ¿qué quieres que haga?”

Si todas tus preocupaciones son sobre tu propia vida, tu empleo, tu ropa, ropa buena para tus hijos, cuerpos saludables, una buena educación, un buen empleo y un buen matrimonio, entonces tus preocupaciones son muy diferentes a las de alguien que está perdido en Bután, Myanmar o en la India.

En el futuro voy a ver esos siete años de evangelismo en las aldeas como una de las mejores experiencias de aprendizaje de mi vida. Caminamos los pasos de Jesús, encarnándolo y repre­sentándolo ante multitudes que nunca antes habían escuchado el evangelio.

Cuando Jesús estaba aquí en la tierra, Su meta era exclusivamente cumplir con la voluntad de Su Padre. Nuestro compromiso debe ser solo Su voluntad. Jesús ya no camina en la tierra. Nosotros somos Su cuerpo, Él es nuestra cabeza. Eso significa que nuestros labios son los de Jesús. Nuestras manos son Sus manos. Nuestros ojos Sus ojos. Nuestra esperanza, Su esperanza. Mi esposa y mis hijos pertenecen a Jesús. Mi dinero, mi talento, mi educación: todo le pertenece a Jesús.

Entonces, ¿qué es Su voluntad? ¿Qué debemos hacer en este mundo con todos estos dones que Él nos ha dado?

“Como mi Padre me ha enviado, así los envío”, son Sus instrucciones. “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las na­ciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Juan 20:21; Mateo 28:19-20).

Todos los cristianos deberían saber las respuestas a estas tres preguntas básicas sobre las misiones para llevar a cabo el llama­do de nuestro Señor para alcanzar a los perdidos del mundo en Su nombre.

1: ¿Cuál es la tarea principal de la iglesia? Cada uno de los cuatro Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) nos da un mandato de nuestro Señor Jesús, la declaración de la misión de la iglesia, conocida como la gran comisión. Ver Mateo 28:18-20; Marcos 16:15-16; Lucas 24:47; y Juan 20:21.

La gran comisión revela la razón por la cual Dios nos ha deja­do aquí en este mundo, la actividad principal de la iglesia hasta que Jesús vuelva como el Rey de Reyes para unirnos a Él. Él desea que nosotros vayamos a todas partes proclamando el amor de Dios a un mundo perdido. Para ejercitar Su autoridad y demos­trar Su poder, debemos predicar el evangelio, hacer discípulos, bautizar y enseñarle a la gente a obedecer los mandamientos de Cristo.

Esta tarea incluye más que repartir panfletos, tener reuniones en las calles o mostrar amor compasivo al enfermo y al ham­briento, aunque esto sea parte. Pero el Señor quiere que conti­nuemos como Sus agentes para redimir y transformar la vida de las personas. El hacer discípulos, como Jesús lo definió, obvia­mente incluye el largo proceso de la plantación de iglesias.

Noten también que las referencias a la gran comisión son acompañadas de promesas del poder divino. La expansión glo­bal de la iglesia es obviamente una tarea para gente especial que vive íntimamente con Dios lo suficiente para discernir y ejercitar su autoridad.

2: ¿Quién es un misionero? Un misionero es cualquier persona enviada por el Señor para establecer un nuevo testimonio cristiano en donde aún no se conoce. La definición tradicional de la actividad misionera usualmente incluye dejar nuestra cultura inmediata por otra, llevando el evangelio a personas que difieren al menos en un aspecto de nuestro propio grupo étnico (como el idioma, la nacionalidad, la raza o la tribu).

Por alguna razón, muchos occidentales creen que un misio­nero es solamente alguien del occidente que va a Asia, África o a alguna otra tierra extranjera. No es así. Cuando un ex hindú brahmán cruza las líneas sutiles en la India y trabaja entre la gente de casta baja, debería ser reconocido como un misionero así como una persona que va de Detroit a Calcuta.

Los cristianos en el occidente deben abandonar la idea totalmente anti bíblica de que ellos deben apoyar solo a misio­neros blancos de los Estados Unidos. Hoy en día es esencial que apoyemos a misioneros yendo del sur de la India al norte de la India, de una isla de las Filipinas a otra o de Corea a China.

A menos que abandonemos el racismo tácito en nuestra de­finición verbal de un misionero, nunca veremos al mundo al­canzado por Cristo. A pesar de que los gobiernos pueden cerrar las fronteras de sus países a los misioneros occidentales, no las pueden cerrar a su propia gente. El Señor está levantando una gran cantidad de misioneros nacionales ahora mismo, pero no pueden ir a menos que los norteamericanos continúen apo­yando la obra como lo hicieron cuando se les permitía ir a los occidentales.

3: ¿Dónde está el campo misionero? Uno de los errores más grandes que cometemos es definir a los campos misioneros en términos de naciones. Estos son solo límites políticos estableci­dos entre líneas arbitrarias por las guerras o por límites naturales como cordilleras y ríos.

Una definición más bíblica se ajusta a agrupaciones lingüísticas y tribales. Por lo tanto, un campo misionero se define como cualquier grupo cultural que no tenga un grupo de discípulos establecido. Los árabes en la ciudad de Nueva York, por ejem­plo, o la gente en la tribu india de Hopi en Dallas son grupos no alcanzados en los Estados Unidos. Más de 10.000 grupos de és­tas personas ocultas en todo el mundo representan el verdadero campo misionero pionero de nuestros tiempos.

Ellos serán alcanzados solo si alguien de otra cultura está dispuesto a sacrificar su agradable comunidad para alcanzarlos con el evangelio de Cristo. Y para ir y hacerlo, esa persona nece­sita creyentes en sus hogares que lo respalden con la oración y las finanzas. El movimiento misionero nativo en Asia puede man­dar con facilidad a evangelistas porque está al alcance de la mano para la mayoría de los pueblos no alcanzados. Pero no siempre pueden levantar el apoyo necesitado entre sus poblaciones indi­gentes. Aquí es a donde los cristianos en el occidente pueden ir, y compartir su abundancia con los siervos de Dios en Asia.

El misionero estadista, George Verwer cree que la mayoría de los creyentes estadounidenses todavía “juegan a ser solda­dos”. Pero también cree, como lo creo yo, que en las naciones occidentales, los individuos y los grupos quieren apoyar a los misioneros necesarios para evangelizar Asia. No deberíamos descansar hasta no terminar la tarea.

Quizás usted nunca reciba el llamado de alcanzar a los pue­blos ocultos de Asia, pero con su devoto compromiso, puede hacerlo posible para que millones escuchen el evangelio más allá de la frontera.

Hoy insto a los cristianos a que dejen su cristianismo viejo y usen las armas de la guerra espiritual y avancen contra el enemi­go. Debemos dejar de saltar los versículos que dicen: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”, y “así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Mateo 16:24; Lucas 14:33).

¿Estos versículos fueron escritos solo para los misioneros nativos que están en las fronteras siendo golpeados, maltrata­dos y pasando hambre a causa de su fe? ¿O fueron escritos solo para que los creyentes estadounidenses vayan cómodamente a las actividades de la iglesia, las conferencias y los conciertos?

Por supuesto que no. Estos versículos se aplican de la misma manera para los cristianos en Bangkok, Boston y Bombay. Verwer dice:

Algunas revistas y libros sobre misiones dan la impresión de que la evangelización mundial es solo una cuestión de tiempo. Investigaciones más profundas mostrarán que en áreas de mu­cha población la obra evangelística está retrocediendo más que avanzando.
En vista de esto, nuestras tácticas son simplemente dispara­tadas. Quizás el 80 por ciento de nuestros esfuerzos por Cristo, muchas veces débiles, aún apuntan solo al 20 por ciento de la población del mundo. Se dedican literalmente cientos de millo­nes de dólares en cada proyecto cristiano local, especialmente en construcciones, mientras que solo una escasa parte va a las regiones más allá. Los santos poco comprometidos creen que por dar unos cuantos dólares ya han hecho su parte. Por tanto tiem­po nos hemos comparado con el hombre que tenemos al lado, que apenas podemos ver el estándar que dejaron hombres como Pablo o Jesús mismo.
Durante la Segunda Guerra Mundial, los británicos se mos­traron capaces de hacer sacrificios increíbles (como lo hicieron tantas otras naciones). Vivían con raciones escasas. Cortaban sus rejas y las enviaban para fabricar armas. Aún hoy, en lo que es verdaderamente una Guerra Mundial (espiritual), los cristianos viven como soldados en tiempos de paz. Mire las órdenes de Pa­blo a Timoteo en 2 Timoteo 2:3-4: “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado”. Parece que tenemos una idea rara de lo que es el servicio cristiano. Compramos libros, viajamos kilómetros para escuchar a un orador hablar sobre bendiciones, pagamos altas sumas de dinero para escuchar la última canción cristiana, pero nos olvidamos de que somos soldados.

Día tras día sigo con este único mensaje: los misioneros pasan hambre, sufren y esperan ir a la siguiente aldea con el evangelio, pero necesitan de su oración y apoyo financiero. Estamos frente a un nuevo día en las misiones, pero requiere de la cooperación de los cristianos, tanto del oriente como del occidente.

 Continua…

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Cap. 18

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  1. Que buen libro, ojala no sea de mucho pedir que los administradores de el regresa reunieran todos los capitulos en una seccion porfavor, sigo los capitulos desde el 15, y no he podido encontrar los otros.

    Dios los bendiga en esta gran labor de entregar la verdad del evangelio a través de internet.

    Toda la gloria a Dios.

  2. Manuel de la Peña says:

    “La Verdad es Jesús y La Verdad Nos Hace Libres”

    “Y Todos Tus Hijos Serán Enseñados de Jehová; Y Multiplicará La Paz de tus Hijos.”

    Escrito Está: Libro del Profeta Isaías Capitulo 54, Versículos13 al 15, Reina Valera 1602 y 1909.

    54:13 Y todos tus hijos serán enseñados de Jehová; y multiplicará la paz de tus hijos.
    54:14 Con justicia serás adornada; estarás lejos de opresión, Porque no temerás; y de temor, porque no se acercará á ti.
    54:15 Si alguno conspirare contra ti, será sin mí: El que contra ti conspirare, delante de ti caerá.

    “Escrito está en Los Profetas: Y Serán Todos Enseñados de Dios.”

    Evangelio del Señor Jesucristo Escrito por El Apóstol Juan, Capitulo 6, Versículo 45 al 50, Reina Valera 1602 y 1909.

    6:45 Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios. Así que, todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene á mí.
    6:46 No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre.
    6:47 De cierto, de cierto os digo: El que Cree en mí, Tiene vida eterna.
    6:48 Yo Soy el Pan de Vida.
    6:49Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y son muertos.
    6:50 Este es el pan que desciende del cielo, Para que el que de Él Comiere, No Muera.

    “Si Empero Lo Habéis Oído, y Habéis Sido por Él Enseñados, Como La Verdad Está en Jesús,”

    Escrito Está: Libro de Efesios Capitulo 4, Versículos 20 al 23, Reina Valera 1602 y 1909.

    4:20 Mas vosotros no habéis aprendido así á Cristo:
    4:21 Si empero lo habéis oído, y habéis sido por Él enseñados, Como La Verdad está en Jesús,
    4:22 A que dejéis, cuanto á la pasada manera de vivir; el viejo hombre que está viciado conforme á los deseos de error;
    4:23 Y á renovarnos en el espíritu de vuestra mente,
    “Sus Cabezas Juzgan por Cohecho, Y Sus Sacerdotes Enseñan Por Precio, Y Sus Profetas Adivinan por Dinero; Y Apóyanse en Jehová Diciendo: ¿No está Jehová entre nosotros? No vendrá mal sobre nosotros.”

    Escrito Está: Libro del Profeta Miqueas Capitulo 3, Versículos 9 al 12, Reina Valera 1602 y 1909.

    3:9 Oid ahora esto, cabezas de la casa de Jacob, y capitanes de la casa de Israel, que abomináis el juicio, y pervertís todo el derecho;
    3:10 Que edificáis á Sión con sangre, y á Jerusalem con injusticia;
    3:11 Sus cabezas juzgan por cohecho, Y sus sacerdotes enseñan por precio, Y sus profetas adivinan por dinero; Y Apóyanse en Jehová diciendo: ¿No está Jehová entre nosotros? No vendrá mal sobre nosotros.
    3:12Por tanto, á causa de vosotros será Sión arada como campo, Y Jerusalem será majanos, Y el monte de la casa como cumbres de breñal.

    Hermanos Miós Dios es Su Propio Interprete, Nadie puede enseñarnos de Dios, pues El Señor es Soberano y La Escritura dice Que Seremos enseñados de Dios.

    Todos estos Hombres Doctos y Letrados del Tiempo Antiguo Conocían La Letra de La Escritura y Tenían Mucho Conocimiento Intelectual, Además Estos Sacerdotes, Fariseos y Saduceos Antiguos y Religiosos y Teólogos y Doctores Modernos, No Tuvieron y No Tienen Él Espíritu Santo y Revelación Espiritual, Pues Todos Ellos Crucificaron Al Señor Jesucristo, “El Verbo y Palabra de Dios Hecha Carne. Estos Hombres Hoy Venden sus Libros y Conocimientos Teologicos, “Y La Escritura dice Compra La Verdad y No la Vendas”, “Dad De Gracia Lo Que de Gracia Recibiste2, Halelu-yaH.

    Que El Señor Jesucristo, Les Bendiga Grandemente, Shaloom.

    Hno. Manuel de la Peña

    Santiago de Chile, 18 de Diciembre del Año del Señor 2012

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