Nov 16, 2012

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(Cap. 12) Las buenas obras y el evangelio

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Para sacar a las misiones cristianas del equilibrio, Satanás ha tejido una red dominante de engaños y mentiras. Ha inventado todo un sistema de tentadoras verdades a medias para confundir a la iglesia y asegurarse de que millones irán al infierno sin recibir el evangelio. He aquí algunos de sus inventos más comunes:

 

Primero: ¿Cómo podemos predicarle a alguien que tiene el estómago vacío? El estómago de un hombre no tiene nada que ver con la condición de su corazón rebelde al santo Dios. Según la Biblia, tanto un hombre rico en la Quinta Avenida de Nueva York como un mendigo en las calles de Mumbai (Bombay) son rebeldes al todopoderoso Dios. Haber invertido la mayor parte del dinero de las misiones en trabajo social durante los últimos 100 años ha dado como resultado esta mentira. No estoy diciendo que no deberíamos preocuparnos por el pobre y el necesitado. Sino que este asunto está haciendo que perdamos el enfoque principal de predicar el evangelio.

 

Segundo: El trabajo social (suplir solo las necesidades materiales del hombre) es un trabajo misionero. De hecho, es lo mismo que pre­dicar. Lucas 16:19-25 nos relata una historia lamentable sobre un hombre rico y Lázaro. ¿Qué beneficio tenían las posesiones del hombre rico? No podía pagar para no ir al infierno. Sus ri­quezas no lo podían consolar. El hombre rico había perdido todo, incluso su alma. ¿Y Lázaro? Él no tenía ninguna posesión que perder, pero había preparado su alma. ¿Qué fue lo más im­portante durante Su tiempo en la tierra? ¿El cuidado del “tem­plo del cuerpo” o del alma inmortal? “Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?” (Lucas 9:25).

 

Es un delito en contra de la humanidad perdida ir en nom­bre de Cristo y de las misiones solo para hacer trabajo social y descuidar el llamado de arrepentimiento a los hombres, hacer que dejen sus ídolos y rebeliones, para seguir a Cristo con todo su corazón.

 

Tercero: No van a escuchar el evangelio a menos que le ofrezcamos otra cosa primero. Me he sentado en las calles de Mumbai con los mendigos, hombres pobres que pronto morirían y al com­partir el evangelio con muchos de ellos, les dije que no tenía nada material para darles, pero les podía ofrecer la vida eterna. Comencé a compartir el amor de Jesús que murió por sus al­mas, les hablé sobre las moradas en la casa de mi Padre (Juan 14:2) y que pueden ir ahí para no tener más hambre ni sed. “El Señor Jesús enjugará toda lágrima de sus ojos”, dije. “Ya no tendrán necesidad. Ya no habrá más llanto, ni clamor, no dolor” (Apocalipsis 7:16, 21:4).

 

¡Qué gozo fue ver a algunos de ellos abrir sus corazones des­pués de escuchar que gracias al perdón de sus pecados pueden encontrar a Jesús! Eso es exactamente lo que la Biblia enseña en Romanos 10:17: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la pala­bra de Dios”.

 

Reemplazar un plato de arroz por el Espíritu Santo y la Palabra de Dios nunca salvará un alma y, raramente cambiará la actitud del corazón de un hombre. No vamos ni siquiera a afectar el rei­no de las tinieblas hasta que no levantemos a Cristo con toda la autoridad, el poder y la revelación que se nos da en la Biblia.

 

En pocos países se refleja un fracaso más obvio del humanismo cristiano como en Tailandia. Allí, después de que los misioneros mostraron una maravillosa compasión social durante 150 años, los cristianos solo constituyen el dos por ciento de toda la población.

 

Los misioneros que se sacrificaron probablemente han hecho más para modernizar el país que cualquier otra organización. Tailandia les debe a los misioneros el avance de su alfabetización, las primeras imprentas, universidades, hospitales, médicos y casi todos los beneficios educativos y científicos. En cada área, in­cluyendo el comercio y la diplomacia, los misioneros cristianos pusieron en primer lugar las necesidades de la nación anfitriona y marcaron el comienzo del siglo XX. Mientras tanto, millones se han ido a la eternidad sin el Señor. Murieron con mejor edu­cación, gobierno y salud, pero sin Cristo y atados al infierno.

 

¿Cuál fue el error? ¿Estos misioneros no se estaban dedicando lo suficiente? ¿Eran sus doctrinas anti bíblicas? Quizás no creían en el infierno eterno o en el cielo eterno. ¿Carecían de entre­namiento bíblico o simplemente no salían a predicarles a los perdidos? ¿Cambiaron sus prioridades de estar interesados en salvar almas para aliviar el sufrimiento humano? Ahora sé que es un poco de todas estas cosas.

Mientras estaba buscando respuestas a estas preguntas, cono­cí a hermanos nativos pobres con una mínima educación, invo­lucrados en la obra del evangelio en áreas pioneras. No tenían nada material para ofrecerle a la gente a la que le predicaban. No poseían entrenamiento agrícola ni ayuda médica, tampoco pro­gramas educativos. Pero cientos de almas se salvaban, y en unos pocos años, establecían iglesias. ¿Qué estaban haciendo estos hermanos para obtener tales resultados, mientras que otros con más ventajas habían fracasado?

 

La respuesta está en saber básicamente de qué se trata la obra misionera. Los actos caritativos no tienen nada de malo, pero no tenemos que confundirlos con predicar el evangelio. Un programa de alimentación puede salvar a un hombre que muere de hambre. La ayuda médica puede prolongarle la vida a un enfermo terminal. Los proyectos de construcciones de casas pueden hacer de esta vida temporal una vida más cómoda, pero solo el evangelio de Jesucristo puede salvar un alma de una vida de pecado y una eternidad en el infierno.

 

Mirar a los ojos de un niño con hambre y mirar la vida desperdiciada de un drogadicto es ver solo la evidencia de que Satanás gobierna este mundo. Él es el principal enemigo del ser humano, y hará todo lo posible para matar y destruir a los seres humanos. Pero intentar luchar contra este tremendo enemigo solo con armas físicas es como luchar contra un tanque blinda­do con piedras.

 

En el tiempo en que el comercio se había establecido entre los isleños de Fiji, un comerciante ateo y escéptico llegó a la isla para hacer negocios. Estaba hablando con el jefe de Fiji y notó una Biblia y otras cosas religiosas en la casa.

 

“Qué vergüenza”, dijo, “que usted haya escuchado esas tonte­rías de los misioneros”.

 

El jefe le respondió: “¿Ves esa piedra blanca grande ahí? Esa es la piedra que, hace solo unos pocos años, usábamos para gol­pear la cabeza de nuestras víctimas y sacarles el cerebro. ¿Ves ese horno gigante allí? Hasta hace solo unos pocos años lo usába­mos para cocinar el cuerpo de nuestras víctimas antes de hacer un banquete con ellos. Si no hubiésemos escuchado lo que tú llamas las tonterías de esos misioneros, te aseguro que tu cabeza ya estaría aplastada sobre la roca y tu cuerpo cocinándose en el horno”.

 

No hay registro de la respuesta de ese comerciante a esa expli­cación con respecto a la importancia del evangelio de Cristo.

 

Cuando Dios cambia el corazón y el espíritu, lo material tam­bién cambia. Si usted quiere satisfacer las necesidades de los pobres de este mundo, no hay mejor lugar para empezar que predicando el evangelio. Las buenas noticias han hecho más para levantar al oprimido, al hambriento y al necesitado que to­dos los programas sociales que los humanistas seculares hayan imaginado.

 

Estas tremendas palabras de Jesús deberían atrapar nuestra alma: “Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros” (Ma­teo 23:15). A.W. Tozer bien lo dijo en su libro Of God and Man (De Dios y el hombre): “Difundir una clase de evangelio débil y deteriorado en tierras paganas no es llevar a cabo el mandamiento de Cristo o desentendernos de nuestra obligación con los idólatras”.

 

Antes de que China haya sido tomada por el comunismo, un oficial comunista hizo una declaración reveladora al misionero John Meadows: “Sus misioneros han estado en China por más de cien años, pero no han ganado a China para la causa. Es triste, porque hay incontables millones que no han escuchado el nombre de su Dios. Tampoco saben nada de su cristianismo. Pero nosotros, los comunistas hemos estado en China menos de 10 años, y no hay ni un chino que no lo sepa… que no haya es­cuchado el nombre de Stalin… o algo

 

“Ahora déjeme decirle porqué han fracasado y porqué hemos tenido éxito”, continuó el oficial. “Ustedes han tratado de ganar la atención de las multitudes construyendo iglesias, misiones, hospitales, escuelas y demás. Pero nosotros los comunistas he­mos impreso nuestro mensaje y expandido nuestra literatura por toda China. Algún día sacaremos a sus misioneros fuera de nuestro país, y lo haremos a través de una página impresa”.

 

Hoy, por su puesto, John Meadows está fuera de China. Los comunistas fueron fieles a su palabra. Ganaron a China y sacaron a los misioneros. De hecho, aquello en que los misioneros fracasaron durante 100 años, los comunistas lo lograron en 10.

 

Un líder cristiano dijo que si la iglesia hubiese invertido tanto tiempo en predicar el evangelio como lo hicieron en construir hospitales, orfanatos, escuelas y hogares de ancianos (a pesar de que eran necesarios) la Cortina de Bambú nunca habría existido.

 

La tragedia de China se está repitiendo hoy en otros países. Cuando dejamos que una actividad misionera se enfoque solo en las necesidades materiales del hombre sin el equilibrio espi­ritual correcto, estamos poniendo en práctica un programa que finalmente fracasará.

 

Sin embargo, esto no significa que no podamos involucrarnos en ministerios compasivos que alcanzan a pobres, necesitados y hambrientos en todo el mundo. En el capítulo siguiente, expli­caré mejor nuestra responsabilidad para con el pobre y afligido menesteroso de nuestra generación.

Continúa…

Cap. 13

 

Cap. Anterior

Caps. 10 y 11

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  1. PRIMERO DAD A CONOCER LA PALABRA DE DIOS,SU MENSAJE DE SALVACION ES PRIMERO MINISTRA TUS DONES DADOS POR EL DIOS VIVENTE ,LAS COSAS MATERIALES CIEGAN EL ESPIRITU,EL ESPIRITU SANTO ES EL QUE GUIA TODO TRABAJO LO DEMAS VENDRA POR AÑADIDURA.AMEN

  2. bUEN CAPITULO…DE MUCHA BENDICIONES, HERMANOS POR FAVOR PASANME EL TITULO DEL LIBRO PARA VER SI PUEDO CONEGUIRLO AQUIE EN MI PAIS….SERIA DE MUCHA BENDICION. GRACIAS.

    • Bendiciones hermana Erika:

      El libro se esta posteando capitulo a capitulo (a veces se postean dos en uno mismo), empezamos hace unos dias.
      Este es el link del primer capitulo:

      http://elregresa.net/cap-01-solo-el-comienzo/

      El libro se titula: Revolución en el mundo de la misiones, el autor: K. P. Yohannan.

      Saludos.

    • GRACIAS HERMANO, SI ESTOY LEYENDO LOS CAPITULOS..AQUI EN VERACRUZ VAMOS A COMENZAR A REGALAR TRATADOS EN LOS CAMIONES..PERO ME INTERESA EL LIBRO PARA QUE LOS QUE ESTEMOS EN ESTA MISIÓN LO LEAMOS EN CONJUNTO ANTES DE COMENZAR…MUCHISIMAS GRACIAS HERMANO, ES DE MUCHA BENDICION ESTAS APORTACIONES.

  3. ESTO ME HACE REFLEXIONAR,QUE HACEMOS NOSOTROS POR NUESTRO PROJIMO,TENIENDO TODA LA LIBERTAD DEL MUNDO Y QUE ESTAMOS HACIENDO,HABIENDO TANTA NECESIDAD Y MUCHAS VECES CALLAMOS Y DEJAMOS PASAR Y NO HABLAMOS.-
    OH SEÑOR AYUDANOS PARA TOMAR CONSIENCIA Y ASUMIR NUESTRA RESPONSABILIDAD DE PREGONAR TU PALABRA.-
    DIOS NOS AYUDE.-

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